Las nuevas tendencias en alimentación orgánica

Los alimentos orgánicos se afianzan entre las preferencias del consumidor medio europeo
Por Jordi Montaner 5 de agosto de 2003

Los productos orgánicos han pasado de la venta limitada en tiendas macrobióticas a los escaparates de las principales multinacionales de la alimentación. Lo bueno, barato, saludable y ecológico atrae la atención del consumidor, pone en vereda a la industria alimentaria y marca la pauta de consumo en Europa para el siglo XXI.

«Lo más vital, lo que has de precisar» a que se refería el oso Baloo en su célebre canción de la adaptación que Disney hizo del Libro de la selva, vuelve por sus fueros. El consumidor medio europeo presta cada vez más atención a la garantía ecológica de los productos alimenticios que adquiere, y no se trata tanto de una moda verde como de una preocupación de salud. Las «cosas buenas del campo» acreditan una salubridad de siglos, casi una sabiduría, que el consumidor medio echa en falta en los productos derivados de avances biotecnológicos.

Lejos de ver en esta tendencia un obstáculo, la industria alimentaria se apunta al tirón y empieza tomar partido de los saberes y sabores más ancestrales, de las virtudes ocultas u olvidadas de productos de toda la vida: lo mejor debe, a partir de ahora, ser también lo más sano.

Según la Mintel Global New Products Database, la situación de las ventas en el mercado europeo da entender esta tendencia en la demanda de los consumidores; algo que se traduce en la aparición de nuevos productos basados en fórmulas antiguas por todas las estanterías de los supermercados. Incluso la alimentación infantil se ha visto implicada en la revolución orgánica. En Italia, por ejemplo, la empresa Plasmon Oasi Ecologica (perteneciente al grupo Heinz) ha desarrollado dos nuevos productos orgánicos: un postre de cacao y leche para bebés de más de 12 meses, comercializado en Tetra Brick® de 200 mL, y unas galletas de chocolate con menos de un 9% de materia grasa que se comercializan junto con cromos de Winnie the Pooh. Se trata de una fórmula repetida hasta la saciedad, pero la diferencia está en la calidad nutritiva del producto.

Teniendo en cuenta que las tasas de obesidad en la población infantil europea vienen disparándose de año en año, es previsible que pediatras, endocrinólogos y cardiólogos den pronto su bendición a iniciativas de este tipo.

La industria alimentaria busca en los productos generados de forma tradicional nuevas cuotas de mercado

En Alemania, un país con una demanda de productos orgánicos (cultivados de forma biológica, sin pesticidas y en base a fórmulas agrícolas tradicionales, elaborados con una ínfima proporción de aditivos y presentados con envoltorio ecológico), se ha comercializado ya la primera bio-salsa de tomate, a la que seguirá toda una serie de salsas orgánicas. En Austria, Weitrau Brauerei se dispone a comercializar la primera cerveza orgánica, y otra empresa de zumos de fruta de aquel país, Biotta, comercializará una bebida de zumo de bayas sin ningún aditivo.

Lactancia orgánica

La exigencia de calidad de una dieta orgánica arranca desde la lecha materna consumida al nacer. Se sabe que una dieta rica en sodio por parte de las madres puede redundar en problemas de hipertensión para el futuro bebé, a la vez que los polutantes que entran en contacto con el organismo de la gestante se transmiten luego al bebé por medio de la leche materna.

Esto ha propiciado que muchos médicos recomienden a las mujeres que estén embarazadas, las que planeen quedar embarazadas, o las que estén amamantando, que procuren alimentarse con una dieta orgánica (libre de aditivos), al mismo tiempo que eviten el tabaco o el alcohol, o que rehuyan los pesticidas en sus labores de casa o jardín; que no se expongan a disolventes, vapores de gasolina o esmalte de uñas, que no vistan ropas lavadas en seco en las lavanderías y que prescindan en lo posible de grasas animales o de lácteos ricos en grasa; asimismo, que no recurran a pescados con nivel potencialmente elevado de mercurio o PCB (pez espada, tiburón, atún, etc.).

No todos los polutantes químicos que entran en contacto con el cuerpo de la mujer persisten. Muchos son atraídos por el agua (más que por la grasa) y abandonan el cuerpo por medio de la respiración, la orina o las heces. Sin embargo, los expertos avisan que hay sustancias químicas (fármacos incluidos) que se bio-acumulan en la cadena alimenticia (tienen muy pocas rutas para salir del cuerpo) y se almacenan en la grasa corporal. La leche materna, precisamente, es rica en grasas.

POLLOS, HUEVOS Y SELENIO

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N.D. Patton y colaboradores (Departamento de Ciencias Animales, Universidad de Kentucky) demostraron en un estudio que no es lo mismo alimentar al ganado doméstico con una formulación orgánica que con una formulación química, y que sus efectos se traducen después en la calidad de la carne o los productos destinados al consumo humano.

Los investigadores se centraron en el proceso de captación de selenio por embriones de pollo en desarrollo. Después de recibir una dieta baja en selenio durante 16 semanas, 126 ponedoras de raza Leghorn fueron asignadas al azar a dos tipos de formulación en su dieta: una con selenita de sodio (inorgánica) y otra con levadura enriquecida con selenio (orgánica). Se recolectaron los huevos fértiles después de 33 días de suministrar las dietas experimentales.

Los huevos se sometieron a no incubación o incubación durante 5, 10, 15, ó 20 días. Los huevos no incubados se separaron y se analizaron la yema y el albumen por separado. Los huevos incubados fueron separados en las porciones del embrión y extra embriónicas, las cuales fueron analizadas también por separado. Las concentraciones de selenio de la yema y el albumen fueron significativamente diferentes entre los tratamientos de dieta. En comparación con huevos de gallinas alimentadas con selenita de sodio, las concentraciones de selenio en la yema y el albumen fueron mayores en huevos de gallinas alimentadas con la levadura (orgánica). Las concentraciones de selenio embriónicas y extra embriónicas fueron asimismo mayores en huevos de gallinas alimentadas con levadura que en huevos de gallinas alimentadas con selenita de sodio.

El mayor aumento en la concentración de selenio embriónica se observó durante los días 10 al 15 de incubación, y se concluyó que la fuente de selenio y el nivel de de inclusión en la dieta influyeron en las concentraciones.

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