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Metered data: el fin de las tarifas planas

El creciente acceso móvil a Internet y el aumento de las aplicaciones web preocupan a las operadoras, que piden volver al pago por consumo de datos

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Una de las premisas de la
futura
tecnología
4G
es que tanto la voz como los datos circularán en la
telefonía
móvil por el protocolo de Internet. De ello se infiere que las
operadoras dejarán de cobrar las llamadas por minutos y puede que,
incluso, las revendan a servicios como Skype, especialistas en VoIP. La factura del teléfono contabilizará megabits consumidos en lugar de tiempo de llamada. Ahora bien, ¿significa esto que el usuario mantendrá la contratación de una tarifa plana mensual y no pagará nada más? No está nada claro que sea así. Las
preferencias de las operadoras
apuntan
a que se
pagará por datos consumidos
. Es lo que se conoce en el argot de las
telecomunicaciones como “metered
data bill
” (factura por dato consumido). La razón: aducen
que un 1% de los usuarios consumen el 25% del ancho de
banda total y colapsan las redes en detrimento del resto de usuarios. Los proveedores de acceso por cable y ADSL también estudian aplicar métodos similares.

Un futuro muy caro

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Puede que sea cierto que una
categoría de usuarios denominados “heavy users” (usuarios
intensivos) “abusen” del ancho de banda comunitario
para descargarse todo tipo de archivos, desde películas a música y
videojuegos. Pero puede también que sea una información interesada, ya que las empresas repiten una y otra vez el mismo aserto
desde hace más de un lustro. Es un dato difícil de
comprobar, puesto que implicaría entrar en las comunicaciones privadas de
las personas para estudiar quién se baja más o menos archivos, algo
del todo ilegal.

Pero con independencia de
que haya
“abusos” por parte de unos pocos, es innegable que las
operadoras de móviles están ante un escenario futuro complicado.
Por un lado, el desarrollo de las nuevas tecnologías, y sobre todo en
base web, les exige un creciente esfuerzo para proporcionar el ancho
de banda suficiente a los usuarios, de modo que disfruten con
plenitud de las
innumerables aplicaciones y servicios
que se desarrollan cada día.
Esto supone inversiones millonarias para el despliegue de nuevas antenas
acordes con tecnologías como 3,5G, HSDPA o la incipiente 4G.

Lo último que quieren las operadoras de referencia es ser impopulares y perder clientes, pero tampoco tienen claro de dónde sacarán el dinero para seguir el ritmo de la innovación

Estas inversiones aseguran
un ancho de
banda móvil suficiente para los nuevos mercados tanto de vídeo y
música en streaming, como de aplicaciones para los móviles inteligentes (“smartphones”)
y videojuegos. Esto es: si las operadoras no invierten en
infraestructuras, la economía basada en el comercio desde el móvil
no despegará. Las presiones son importantes en un momento en el que
numerosas industrias, como las culturales y de ocio intentan
adaptarse a los nuevos tiempos mientras sus ventas caen de manera estrepitosa.

Por otro lado, la incorporación al mercado de nuevos agentes como los operadores
móviles virtuales
, con costes a la baja, y las regulaciones
de
precios que imponen organismos oficiales como la Comisión para el
Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) les impiden subir las
tarifas, cuando no les obligan a abaratarlas. En resumen, lo último
que quieren las operadoras de referencia (Telefónica Móviles,
Vodafone, Orange, T-Mobile, AT&T, Verizon, etc.) es ser
impopulares y sufrir una sangría de usuarios hacia otras compañías,
pero tampoco tienen claro de dónde sacarán el dinero para seguir el
ritmo de innovación que les exigen los usuarios y el
mercado.

En esto llegó LTE

Para complicar el panorama,
los
organismos reguladores y los fabricantes de móviles tomaron
hace año y medio
la decisión de adoptar la tecnología LTE
como
estándar 4G. LTE proporcionará un importante ancho de banda, pero también implica la conexión permanente
a la Red (ahora el usuario se conecta cada vez que quiere acceder a
un dato) y que la voz en el móvil pase a procesarse por el protocolo
de Internet, VoIP.

De este modo, se abrirá la
puerta a que
servicios como Skype o Google
Voice
se instalen en el teléfono y permitan llamar a precios más bajos que los fijados por las operadoras. En
determinados teléfonos que usan el sistema
operativo Android, como algunos Nokia, e incluso los modelos que corren sobre iPhone OS, ya se pueden utilizar estas aplicaciones en mayor o menor media. Pero el consumo de datos es elevado y el ancho de banda es todavía pequeño, con lo que hay peligro de exceder los límites contratados en la tarifa plana de datos. Si sucediera esto, las llamadas serían demasiado caras.

Con LTE se abrirá la puerta a que servicios como Skype o Google Voice se instalen en el teléfono y permitan llamar a precios más bajos

Con LTE, estos inconvenientes terminarán y los operadores perderán el control sobre los
servicios de llamadas. Es muy probable que desaparezcan de las
facturas los costes de llamada por minuto y se sustituyan por
otros ratios. ¿Cuáles? Es aquí donde se sitúa en la actualidad el
debate, ya que las llamadas deberían formar parte de las tarifas
planas de datos que se aplican ahora a los “smartphones”.

Las operadoras temen que al
perder el
control sobre el consumo de voz su negocio se desvirtúe y
se conviertan en simples proveedores de acceso, obligados a aumentar
el ancho de banda y, a la vez, a bajar los precios. También ven con
recelo los consumos de ancho de banda móvil crecientes que ya se
registran (no sólo desde móviles, sino también desde
ultraportátiles
y tabletas,
lectores de libros electrónicos y “smartbooks“) y los negocios que diversas empresas hacen en el espacio que ellos
han habilitado.

En febrero pasado en Barcelona, durante el World
Mobile Congress, las principales operadoras mundiales
anunciaron
que crearían una plataforma conjunta de aplicaciones
para
móviles con el fin de competir con empresas como Apple, Google o
RIM, el fabricante de las Blackberry. La intención es obtener
beneficios de un mercado que está en continuo crecimiento para
compensar las inversiones que deben hacer en
infraestructuras. Sin embargo, la casi totalidad de los analistas se
muestran escépticos sobre la rentabilidad de la iniciativa, dada la
gran cantidad de sistemas operativos que hay y para los que habría
que crear una versión de cada aplicación.

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