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Portero, ¿físico o automático?

Videoporteros y empresas de limpieza sustituyen al conserje tradicional en las dos tareas más valoradas: el aseo del inmueble y la seguridad

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 23 enero de 2008

Portero físico: en vías de extinción

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La figura del portero ha ocupado, durante años, un papel cotidiano y visible en las comunidades de vecinos; tan útil que, en muchos casos, resultaba casi impensable prescindir de sus servicios. Más allá de custodiar el portal, dar los buenos días, recibir la correspondencia o mantener a punto el inmueble, sus tareas, en ocasiones, excedían lo estrictamente laboral y daban paso a una relación personalizada, con un toque de familiaridad. No era un copropietario más, pero residía en el edificio, conocía a todos por su nombre y eso permitía que los vínculos fueran más estrechos que en otro tipo de trabajos.

El oficio todavía existe, aunque en proporciones cada vez menores. En la actualidad, son pocos los porteros que se ajustan al esquema clásico. Por lo general, trabajan en comunidades con un poder adquisitivo alto o medio alto, están en edad de jubilarse y, cuando lo hacen, el puesto no se renueva. Al menos, no con las características de antaño. Los que son contratados hoy en día ya no viven en el edificio donde trabajan, se limitan a unas tareas concretas y cumplen un horario estricto, respondiendo más al perfil de un conserje. Pero tampoco ellos son ya lo habitual en los inmuebles. El avance de las nuevas tecnologías, el ahorro y el propio ritmo de la vida actual inciden de manera directa en que las comunidades de vecinos prefieran un buen sistema electrónico y la contratación de empresas de servicios -como el de limpieza o mantenimiento- a asumir los costes mensuales que supone un portero tradicional. Si el debate se reduce a números, casi no hay discusión posible: es más barato y más simple instalar un videoportero.


El avance tecnológico, el ahorro y el ritmo de vida provocan la elección de sistemas electrónicos y empresas de servicios antes que asumir el coste de un portero tradicional

Desde el punto de vista material, el modelo anterior no compensa. Al menos, así lo asegura Juan Antonio Díez, administrador de fincas, quien afirma que es más rentable contratar a una empresa de limpieza o a alguien que acuda a cambiar las lamparillas, que afrontar un sueldo con sus pagas extra, las vacaciones, las bajas, y la vivienda. Porque, además de proporcionar una residencia al portero, muchas veces sus gastos básicos corren por cuenta de la comunidad. Según afirma Díez, antes se llegaba a acuerdos, dependiendo de cada edificio. Algunas veces, los propietarios pagaban un porcentaje de las facturas de luz, agua y teléfono. Otras, lo pagaban todo. De ahí que la tendencia sea la eliminación del personal, que los vecinos ya no soliciten este tipo de servicio, y que prefieran alquilar o vender el inmueble que antes ocupaba el empleado. Como indica el administrador de fincas, el sueldo de un portero ronda los 800 euros mensuales, de los que se descuenta la seguridad social, pero algunas veces llega a más, sin contar las propinas, que también suman. “Tener uno en el edificio es un lujo que, actualmente, no muchos pueden permitirse”.

El portero, un valor añadido

El hecho es que, de un tiempo a esta parte, los porteros tradicionales trabajan en edificios cuyos propietarios gozan de cierto poder adquisitivo. Para establecer una simple relación basta decir que cuanto mayor es el nivel socioeconómico de una comunidad, mayor es también la probabilidad de que contrate los servicios de este profesional. Tanto es así que esta ecuación se nota en el mercado y, aunque resulte sorprendente, la existencia o no de un portero físico puede condicionar la compra de un inmueble.

Para Ambrosio Gonzalo Margüello, delegado en Vizcaya de la Asociación
de Expertos Inmobiliarios
(APEI), hay dos vertientes muy claras. Por un lado, en los pisos que rondan los 265.000 euros, no tener portero favorece la venta, puesto que evita una serie de gastos mensuales. Por otro, en pisos de precio más elevado, se valora positivamente la presencia de un portero y el servicio que presta, porque soluciona problemas y a los propietarios les gusta tener a una persona que se ocupe de ellos. Algo similar ocurre con los alquileres, donde el hecho de contar con un portero físico se convierte, incluso, en un reclamo; un valor añadido, como el ascensor o la calefacción, que cotiza mejor el inmueble a la hora de arrendarlo. Pero, al igual que otros especialistas, el delegado vizcaíno de la APEI destaca que la figura del portero está en franca extinción, y asegura que quedan en pocos sitios. Antes los había en viviendas de tipo medio, pero eso ha desaparecido. Como señala el administrador Juan Antonio Díez, además de que ya no se solicita este servicio, quienes lo buscan tampoco lo encuentran.

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