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Vivienda en cooperativa y de protección oficial

Ambas opciones suponen un ahorro considerable frente a la adquisición de vivienda libre, aunque también tienen sus inconvenientes

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  • Fecha de publicación: viernes 10 octubre de 2008

Dos fórmulas de compra cada vez más demandadas

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La compra de una vivienda es la inversión más prolongada y costosa para la mayor parte de la población, pues nada es tan caro ni tarda tanto en saldarse como la adquisición de este inmueble. De media, quienes han firmado un crédito hipotecario deben pagar 143.730 euros en 27 años, según recogen el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Asociación Hipotecaria Española (AHE). Los datos oficiales más recientes (correspondientes al segundo trimestre de este año) tampoco son muy alentadores. El precio de la vivienda libre en España es de 2.095 euros por metro cuadrado; una cifra que, sumada a los intereses de los préstamos y la actual situación financiera, resulta excesiva para más de un ciudadano. Por esa razón, los métodos alternativos para comprar casa han ganado terreno. Dos de ellos, en concreto, son los que despiertan mayor interés entre quienes no cuentan con garantías o ingresos suficientes para hacer frente a las exigencias de una hipoteca tipo: las viviendas de protección oficial (VPO) y el régimen de cooperativas, ya que ambas reducen los costes de manera significativa con respecto a la compra tradicional. Un repaso a las normativas y a las ofertas que ofrece el mercado permite mostrar las características de estos modelos que, además, pueden ser mixtos.

Estas viviendas sociales se promocionan a través de tres vías:

  • Las VPO gestionadas por el Estado, las cooperativas que edifican en suelo libre y las que combinan ambos modelos y construyen en suelo protegido. Comprar una VPO promovida por la Administración supone un ahorro de hasta el 47%. En contrapartida, no hay posibilidad de tomar decisiones y la espera puede dilatarse en el tiempo.
  • Ingresar en una cooperativa convierte al socio en promotor, implica un ahorro de entre el 20% y el 30% cuando el suelo es libre y obliga a implicarse en el proyecto participando activamente en él. El tiempo de espera es menor, aunque aumenta el esfuerzo.
  • Las cooperativas que edifican en suelo protegido, la opción más económica, combinan las ventajas de los dos supuestos anteriores, pero también sus inconvenientes, como la espera para conseguir el terreno, o el sistema del sorteo.

    Las cooperativas, unión de voluntades

    El régimen de cooperativa es casi centenario en España (data de 1917) y, con casi un millón y medio de viviendas edificadas, es un sistema de construcción muy arraigado en el país. Su principal diferencia con la compra “tradicional” o, incluso, con la adquisición de VPO promovidas por las administraciones es que, en una cooperativa, sus miembros no sólo son adjudicatarios de las viviendas, también son promotores de las mismas. Como señalan desde la Confederación de Cooperativas de Viviendas de España (CONCOVI), las cooperativas no venden inmuebles, los adjudican. Y es esta “doble condición” de sus integrantes lo que hace que el precio final se reduzca. El ahorro puede suponer entre un 20% y un 30% con respecto a la adquisición de una vivienda libre.

    Así, cuando una persona se apunta a este régimen firma un contrato que le obliga a aportar dinero para cubrir los gastos iniciales de la promoción, como el terreno, el proyecto y los seguros, entre otros. En síntesis, se trata de un grupo de personas que necesitan un hogar y que se agrupan para conseguirlo. Para ello formalizan su constitución oficial mediante la inscripción en los registros correspondientes, designan un Consejo Rector entre los socios, contratan los servicios gerenciales con una empresa gestora de reconocida solvencia y promocionan sus proyectos sin ánimo de lucro con la participación de todos los asociados.

    Los miembros de una cooperativa son tanto adjudicatarios de las viviendas como promotores

    Desde el punto de vista legal, una cooperativa de viviendas “asocia a personas físicas que precisen alojamiento y/o locales para sí y las personas que con ellas conviven”. Esta definición plantea de manera muy clara que la finalidad es acceder a un hogar, y que los únicos beneficiarios son los socios. Como no es imprescindible tener experiencia en el sector (y, de hecho, la gran mayoría de los miembros se “estrena” en el mundo de la construcción), los socios suelen contratar los servicios de una gestora con experiencia para que les asesore y les guíe durante todo el proceso, desde la compra del terreno hasta la selección de la empresa constructora y los materiales. En sí, ésta es una de las ventajas más sobresalientes del sistema, pues permite a los futuros vecinos elegir mediante asambleas y votos- cómo serán sus viviendas, en qué aspectos economizarán y en cuáles invertirán un poco más. En contrapartida, el cooperativismo exige una actitud más activa, estar presente en la toma de decisiones y seguir de cerca el proceso.

    En cuanto al dinero, éste empieza a aportarse desde el inicio para cubrir los costes básicos de gestión y financiar el edificio. La cooperativa debe garantizar que esas cantidades entregadas por anticipado serán devueltas en caso de que el proyecto se interrumpa. Por otra parte, los miembros deberán decidir en qué casos está justificado que un socio se dé de baja, y las condiciones en las que se le devolverá su dinero. Los avales bancarios y la creación de estatutos que se ciñan a lo que estipula la ley son, por tanto, fundamentales para evitar problemas y despejar dudas. Lo mismo, para todo lo que tenga que ver con los plazos de finalización de las obras y la entrega de llaves, o para los posibles gastos adicionales que puedan surgir en el proceso.

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