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Navidad 2017
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Los excesos navideños y la fuente del bienestar

Un repaso por la influencia que ejerce el ambiente navideño en las emociones y decisiones, incluidas las dietéticas

Imagen: Anna_Shepulova

"¡Qué bueno está todo!". "Sí, solo una vez al año se puede comer de estos". "Es que se está tan a gusto...". Estas frases tan familiares son ejemplos de esas trampas mentales que comenzarán a aparecer en breve. La Navidad ofrece el ambiente más adecuado para dejarse llevar, para ceder en ese obsesivo control sobre el armario, el espejo, la mesa o el menú. Ese ambiente promueve el exceso de consumo, no solo de ropa, regalos o juguetes sino, sobre todo, de alimentos. ¿Qué nos pasa en Navidad? Lo analizamos en el siguiente artículo.

En Navidad todo está rico y apetecible. Incluso hay muchas cosas que habitualmente no probamos, pero que en estas fechas sí lo hacemos porque vemos que otras personas a nuestro alrededor lo hacen. Además, su consumo se convierte en motivos extraordinarios para sentirse bien, y no caer en esas culpabilidades inmediatas tras cualquier acto que se ha meditado poco.

Las personas pensamos que debemos reflexionar mucho todo lo que hacemos, que debemos medir y organizar cada cosa "para que no se escape al control". En estas fechas, eso es todavía más complicado. El ambiente obesogénico que nos rodea durante todo el año es aún más intenso y tentador en las fiestas navideñas. Por lo tanto, durante estas fechas podemos caer con facilidad en esta otra trampa mental, que curiosamente hace que acumulemos tensión y malestar y que, sobre todo, experimentaremos al finalizar este periodo festivo.

En Navidad vienen los dulces, las grandes comidas y, sobre todo, las grandes cenas. Regresan los que están fuera, los que vemos poco, los recuerdos del año, los deseos de los próximos... Es cuando nos vamos de comida con los compañeros de la empresa, cuando reflexionamos sobre la utilidad y oportunidad de lo que hacemos cada día del resto del año. En las mesas de Navidad es donde aparecen esas cosas que nos tenemos que contar, y que no tenemos tiempo habitualmente para hacerlo. En esas mesas no hay perfección, hay momentos.

En las mesas de Navidad, buscamos ser nosotros mismos rodeados de gente a la que amamos -y no tanto-, permitiéndonos el lujo de sentirnos más libres mientras comemos y bebemos. Llevamos el exceso no solo a comer y beber en cantidades que con frecuencia no seríamos capaces, sino también a la confianza, a ver al otro más cercano, de forma diferente, "con otros ojos" o con otras actitudes.

Sí, parece ser que el exceso también lleva a la empatía, a la muestras de cariño, a la solidaridad, al respeto a la tradición, a la cercanía familiar. Nos volvemos más excesivos -digámoslo así- cuando llega la Navidad. Esta excesividad se traduce en la fuente del bienestar, en ese deseo incontenible de vivir la Navidad (incluso de detestarla también). Ese exceso forma parte de la Navidad y es muy difícil poder evitarlo.

Es muy probable que cuando usted se acomode en cada mesa de estas Navidades, ese estrés que le sirve de excusa a diario para posponer tareas y justificarse no se siente con usted. Es muy probable que perciba que quiere seguir sentado en esa silla, negando y deseando que llegue el siguiente plato o la siguiente botella, para seguir descubriendo su "parcela más positiva".

Evitar la resaca navideña

Es importante ser conscientes de que estamos envueltos en el ambiente navideño, por las luces, los escaparates, los dulces, los regalos... pero también de que estamos realizando una alimentación inadecuada durante estos días. Estamos tomando gran cantidad de grasas saturadas, de azúcares, de alcohol. Estamos cenando muy tarde y de forma copiosa, tomando poca fruta y haciendo poco ejercicio físico. En definitiva, estamos llevando un estilo de vida muy poco saludable. Por todo ello, al malestar citado antes se une la sensación que nos invade tras finalizar las Navidades sobre la necesidad de apuntarnos a un gimnasio o de hacer dietas para "compensar", "desintoxicar" o "depurar" ya con vistas al verano.

Por estas razones, es fundamental que durante la Navidad intentemos no cambiar demasiado nuestros hábitos del año si son saludables, disfrutar con la familia y con los amigos, pero procurando no caer en conductas que nos puedan perjudicar y que estos días nos rodean. Es importante incorporar a nuestra dieta -y al menú- frutas y verduras, moderar el consumo de alcohol, reducir las cenas copiosas y dar largos paseos con amigos por las ciudades adornadas de luces y colores, de las que podemos disfrutar al tiempo que beneficiamos nuestra salud.


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