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A menos proteína, más hambre

Las dietas hiperproteicas se asocian a una mayor saciedad y a una menor ingesta posterior de energía y, por consiguiente, a pérdida de peso

  • Autor: Por MAITE ZUDAIRE
  • Fecha de publicación: 26 de septiembre de 2008

Efecto saciante de las proteínas

Imagen: rjp

Las proteínas de la dieta se consideran más saciantes que los hidratos de carbono y las grasas, y esto se ha comprobado en numerosos estudios. Asimismo, según diversas investigaciones, las dietas hiperproteicas se asocian a una mayor pérdida de peso (sobre todo, a una mayor pérdida de grasa corporal) y a una menor ingesta de energía, además de a la sensación de saciedad.

Estas revelaciones han sido utilizadas para apoyar la hipótesis de que la ingesta proteica habitual de una persona puede influir en su apetito y, por lo tanto, en su comportamiento alimentario, independientemente de las calorías de la dieta. En este sentido gira la revisión científica sobre los "efectos de las dietas de alto contenido en proteínas sobre la termogénesis, la saciedad y la pérdida de peso", llevada a cabo por investigadores del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard en Boston (EE. UU.), y publicada en el "Journal of the American College of Nutrition".

Concentración de aminoácidos

Los mecanismos mediante los cuales las proteínas pueden incidir en la sensación de saciedad son difíciles de demostrar, aunque el efecto fisiológico de una mayor sensación de saciedad es observable en numerosas investigaciones. Esta sensación se entiende como una compleja interacción de mecanismos fisiológicos, psicológicos y de comportamiento alimentario. Ya en 1956, S.F. Mellinkoff hace pública su teoría del mayor poder saciante de las proteínas al observar la relación estrecha entre la concentración sérica de aminoácidos y los cambios en el apetito.

Hay pruebas convincentes de que una mayor ingesta de proteínas aumenta el gasto energético

Según esta teoría, existe un "centro de saciedad" en el cerebro sensible a las concentraciones de aminoácidos de manera que cuando los niveles de estos nutrientes llegan a cierto punto, el hambre desaparece. No obstante, hasta el momento no existe suficiente evidencia científica para apoyar esta hipótesis. En relación con la mayor saciedad de las proteínas, varias investigaciones han examinado si este tipo de comidas influyen de manera determinante sobre la ingesta energética posterior en comparación con las dietas menos proteicas.

En este tipo de estudios se siguió la misma metodología que en los estudios que evaluaron el poder saciante de las proteínas. Se ofreció a los participantes dos dietas isocalóricas (con el mismo aporte calórico) y distinta carga de proteínas. Varias horas más tarde se les dio la posibilidad de comer alimentos libremente, todo lo que les apeteciera. De los 15 estudios revisados por los científicos estadounidenses, ocho mostraron una disminución significativa del consumo energético tras la ingesta de una dieta con un aporte mayor de proteínas, si bien en el resto de estudios no se encontró relación significativa.

Aunque el peso de la evidencia sugiere que una mayor ingesta de proteínas provoca una reducción de la ingesta energética posterior, los resultados de las investigaciones actuales no son concluyentes, y los expertos sugieren que se precisan estudios con un mejor diseño y metodología que arrojen más claridad sobre esta cuestión.

Dieta hiperproteica

Hay pruebas convincentes de que una mayor ingesta de proteínas aumenta la termogénesis (el gasto energético), en comparación con las dietas de menor contenido proteico. Esta interpretación plantea la cuestión de si este mayor efecto termogénico de las proteínas puede influir en el peso corporal. En este sentido, algunas investigaciones sugieren que las dietas más altas en proteínas se asocian a una mayor pérdida de peso y, en concreto, a una mayor pérdida de grasa.

Según algunos autores, la diferencia en el efecto termogénico de los alimentos puede deberse al hecho de que el cuerpo tiene una capacidad muy limitada de almacenamiento de proteínas y, por lo tanto, estos nutrientes deben ser procesados metabólicamente. El alto costo energético que supone la síntesis de proteína humana a partir de la proteína de la dieta, junto a la energía empleada en la producción de urea y en el proceso de gluconeogénesis (formación de glucosa a partir de aminoácidos) son algunos de los motivos que explican la mayor termogénesis de las proteínas.

En una investigación llevada a cabo en años anteriores por el investigador Michael J. Stock, del Departamento de Fisiología del St George's Hospital Medical School, de la Universidad de Londres, se asocia el efecto termogénico de las proteínas a la evolución biológica y a la adaptación del organismo. El autor en su hipótesis sugiere que las dietas hiperproteicas aumentan la termogénesis en un esfuerzo del organismo por conseguir un equilibrio homeostático de los residuos orgánicos que genera una dieta desequilibrada.

Es decir, el organismo trata de garantizar un suministro adecuado de nutrientes, evitando al mismo tiempo el acumulo de residuos tóxicos generados por una sobrecarga de proteínas.

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