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Sal yodada

El consumo diario de esta sal evita trastornos como el bocio en niños y adultos

Retraso mental, sordomudez, aumento del número de abortos y de las malformaciones congénitas, enanismo, hipotiroidismo y bocio son trastornos que podrían evitarse con el consumo diario de sal yodada. Pese a ello, y según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 2.200 millones de personas en el mundo, entre las que se encuentra un porcentaje elevado de españoles, están en situación de riesgo por no incluir en sus dietas la cantidad de yodo necesaria.

¿Qué es el yodo?

El yodo es un nutriente muy extendido en el agua de mar, en el suelo y en las rocas. Se encuentra en pescados, mariscos y ciertos vegetales. En medicina es muy importante porque está presente en una hormona de la glándula tiroides que afecta al control del crecimiento y a otras funciones metabólicas. Su falta puede, por tanto, impedir el desarrollo del crecimiento y producir enfermedades como el bocio. Precisamente, en las zonas donde hay carencia de este elemento, el cambio en la cocina de sal común por sal yodada sirve para compensar el déficit, algo que, económicamente, resulta muy asequible.

La falta de yodo tiene sus manifestaciones desde la etapa fetal hasta la edad adulta. Se trata de un elemento "imprescindible" sobre todo durante la primera etapa del embarazo, según Elías Delgado, doctor del Hospital Central de Asturias, que coordina, junto a Francisco Cadórniga, el Grupo de Trabajo de Trastornos por Déficit de Yodo de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), ya que su ingesta hará que la mujer tenga en la sangre las suficientes hormonas tiroideas, que permitirán el adecuado desarrollo del sistema nervioso central del feto.

La dieta normal española no contiene, sin embargo, la cantidad de yodo necesaria para que las mujeres lo aporten al feto (la OMS recomienda una ingesta diaria de unos 250 microgramos). Este hecho puede provocar, entre otras complicaciones, una reducción aproximada de 15 puntos en el coeficiente intelectual del niño con respecto a la media (100 puntos), lo que tendrá una grave repercusión en su desarrollo.

Además, la falta de yodo en el feto se asocia con una mayor incidencia de abortos espontáneos, anomalías congénitas, mortalidad perinatal, deficiencia mental, sordomudez y cretinismo (enfermedad que se caracteriza por retraso físico y mental).

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