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Elegir la mermelada adecuada

La gran variedad en la composición de mermeladas obliga a fijarse en la lista de ingredientes para elegir la que más convenga

  • Fecha de publicación: 8 de junio de 2009
Imagen: sanja gjenero

En muchas ocasiones, el consumidor no conoce con exactitud el significado que se esconde detrás de cada una de las denominaciones legales de los alimentos: ingredientes, formas de elaboración e, incluso, contenidos mínimos. Esto sucede a la hora de elegir las mermeladas, ya que es fácil dudar entre tomar una mermelada o una confitura por no saber qué diferencia hay entre ambas.

Otra de las dudas que pueden surgir a la hora de elegir un tipo u otro de mermelada se origina porque hay nuevas versiones con menos azúcar que, sin embargo, siguen manteniendo el característico y buscado sabor dulce. El hecho de que las mermeladas no incluyan entre sus ingredientes azúcar no significa siempre que sean bajas en calorías.

Con azúcar añadido: calorías de sabor dulce

Ésta es la mermelada tradicional que se elabora a base de frutas a las que se añade una elevada cantidad de azúcar. El que contiene en su composición es el azúcar común, conocido como sacarosa. Más de la mitad del producto suele ser azúcar y es el componente que actúa como conservante, además de los propios ácidos de la fruta, que también colaboran en su conservación. Por ello, las mermeladas son alimentos que tienen un periodo de vida muy largo. El aporte energético del azúcar en las mermeladas ronda las 180-200 calorías por 100 gramos.

Dentro de este tipo de mermeladas las hay de multitud de sabores: fresa, frambuesa, melocotón, albaricoque, ciruela o kiwi, entre muchas otras. La diferencia entre unas y otras es el tipo de fruta utilizado en su elaboración, ya que la cantidad de azúcar añadida no varia mucho de unas a otras.

Con fructosa: apta para diabéticos

En la elaboración de las mermeladas con fructosa, a diferencia de la tradicional, se sustituye la sacarosa por fructosa, un carbohidrato que da sabor dulce y resulta apto para las personas con diabetes, en particular para las que padecen diabetes tipo I, dependientes de la inyección de insulina. La fructosa se encuentra de forma natural en las frutas y en la miel. Su poder edulcorante es el responsable del sabor dulce.

La fructosa da sabor dulce a las mermeladas y resulta apta para las personas con diabetes

La fructosa ofrece numerosos beneficios a las personas diabéticas: se absorbe rápidamente en el organismo pero no provoca cambios bruscos en los niveles de glucosa en sangre. Otro de los beneficios es que no estimula la secreción de insulina. En ocasiones, este tipo de productos se acompañan del mensaje "mermeladas sin azúcar", lo que puede llevar a una confusión sobre su aporte calórico si no se leen las etiquetas. Aunque estas mermeladas contengan fructosa en lugar de sacarosa esto no significa que aporten menos calorías que las que contienen azúcar. El aporte energético de ambas sustancias edulcorantes es similar; tanto la sacarosa como la fructosa aportan 4 kilocalorías por gramo.

Por este motivo las mermeladas con fructosa no son más adecuadas para las personas con sobrepeso u obesidad, aunque sí pueden ser una buena opción para quienes tienen diabetes. Por otra parte, el consumo excesivo de fructosa contribuye a aumentar el nivel de los triglicéridos en sangre, por lo que no se ha de abusar de este producto en caso de hipertrigliceridemia.

En el mercado también podemos encontrar mermeladas con menos proporción de fructosa que las anteriores. Estas mermeladas son más adecuadas para personas que padecen sobrepeso u obesidad, aunque siempre hay que tener en cuenta la cantidad que se tome. Puede darse el caso que no se consuma habitualmente mermelada, por lo que el criterio para elegir una u otra sería más por el gusto que por el contenido en calorías.

Sin azúcar añadido

Estas mermeladas contienen un valor energético muy bajo porque los edulcorantes que sustituyen al azúcar no aportan calorías como la sacarina, el aspartame o el ciclamato, entre otros. Por ello, son adecuadas para personas que siguen dietas bajas en calorías y para quienes tienen diabetes o hipertrigliceridemia.

En definitiva, la clave para elegir un tipo de mermelada está en fijarse en la lista de ingredientes. Si se trata de un alimento cuyo consumo es ocasional, por ejemplo para tomar en los desayunos del fin de semana, no habría motivo para privarse de una mermelada tradicional, salvo si se padece diabetes.

ETIQUETADO Y MENSAJES PERMITIDOS

La adición de azúcar a las mermeladas, entre otros alimentos, por parte de la industria alimentaria es, junto con grasas, proteínas, fibra, sal y/o sodio, vitaminas y minerales, uno de los componentes que se ha regulado en la normativa correspondiente al "Reglamento 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos". El mensaje que acompaña a las mermeladas en las que se ha modificado su contenido de azúcar debe ajustarse por ley a las declaraciones aprobadas, que son las que siguen:
Bajo contenido de azúcar. Una mermelada podrá declarar que contiene un bajo contenido de azúcar si el producto no incluye más de 5 gramos de azúcar por 100 gramos de producto.
Sin azúcar. Sólo se denominarán así las mermeladas que no contengan más de 0,5 gramos de azúcar por 100 gramos de producto.
Sin azúcares añadidos. Se trata de mermeladas a las que no se ha añadido ningún monosacárido (fructosa, glucosa, jarabe de glucosa o fructosa...), ni disacárido (sacarosa), ni ningún alimento utilizado por sus propiedades edulcorantes. Si los azúcares están naturalmente presentes en los alimentos, como es el caso de las mermeladas de frutas, en el etiquetado deberá figurar la indicación de que "contiene azúcares naturalmente presentes".

ENTRE MERMELADAS Y CONFITURAS

Tal y como se desprende del análisis efectuado por CONSUMER EROSKI en 2006, para escoger entre una u otra marca de mermelada o confitura es importante tener en cuenta la denominación: normal, extra o tipo light; su proporción de fruta y azúcar, y los aditivos, así como no dejarse llevar por que el tarro aparente una fabricación más casera. Tanto las mermeladas como las confituras están realizadas a partir de la cocción de fruta en almíbar (agua y azúcar). La mermelada se elabora con un contenido mínimo de fruta -entera, troceada o triturada- del 30%. Si la fruta representa más del 50% se denomina "extra". En cambio, la confitura se elabora con azúcares, pulpa o puré de fruta y agua. La cantidad debe ser como mínimo del 35% y, si el contenido es igual o superior al 45%, puede distinguirse como "extra".

Las mermeladas y confituras constituyen un buen complemento del desayuno, gracias a su aporte en azúcares -hidratos de carbono simples- y energía con la que afrontar la jornada diaria. A pesar de que persiste la creencia de que contienen muchas calorías, la verdad es que 20 gramos aportan 50 calorías en el caso de las confituras y 35 en las mermeladas.




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