Ocho de cada diez jóvenes se enfrentan a la desinformación en las redes sociales

Los jóvenes quieren estar informados, pero se mueven en un ecosistema digital que cansa, confunde y desanima. La avalancha de información y difusión de contenidos falsos afecta a su bienestar emocional
Por Sonia Recio 12 de diciembre de 2025
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Las redes sociales se han convertido en la principal fuente de información para la juventud, pero también en un terreno especialmente propicio para la desinformación. Así, el 80 % de los jóvenes españoles confiesa que se encuentra con bulos con frecuencia en plataformas como TikTok o X, sobre todo en temas de política, migración y conflictos internacionales. Y el impacto no es menor: siete de cada diez reconocen haber creído alguna vez en uno de estos contenidos falsos, y solo un 13 % verifica siempre la información que consume. En este escenario, la confusión se instala con facilidad y el desgaste emocional aumenta. La exposición continua a noticias dudosas provoca agotamiento mental, frustración y una creciente desconfianza hacia lo que sucede en sus pantallas.

Cómo afecta la desinformación al bienestar de los jóvenes

Son datos del estudio ‘¿Cuánto cuesta una mentira?’, elaborado por Evercom, FAD Juventud y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que analiza el impacto de la desinformación en el bienestar emocional de los jóvenes españoles. Basado en una encuesta a 800 personas de entre 15 y 24 años, se articula en tres grandes bloques:

  • El impacto emocional de la desinformación.
  • Los hábitos de consumo informativo y la exposición diaria a contenidos dudosos.
  • Las consecuencias sociales y democráticas, como la pérdida de confianza en los medios, la fatiga cívica y la desafección política.

El informe dibuja el retrato de una generación que no solo percibe la magnitud del problema, sino que también reclama entornos digitales más transparentes, así como herramientas que les permitan orientarse en un entorno saturado de ruido informativo.

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Imagen: natureaddict

👉​ Un desgaste emocional creciente

Los jóvenes quieren estar informados, pero se mueven en un ecosistema digital que cansa, confunde y desanima. El 67 % admite que no puede confiar plenamente en lo que circula en redes sociales, lo que les mantiene en un estado de duda permanente y les genera un notable agotamiento mental. Más de la mitad confiesa haberse sentido confundida o decepcionada al descubrir que una noticia era falsa (55 %), frustrada al ver cómo se difunden los bulos (63 %) o impotente ante la velocidad con la que se propagan (54 %).

El desgaste emocional es palpable: el 42 % termina fatigado tras usar redes y el 35 % siente ansiedad ante la posibilidad de estar consumiendo noticias falsas sin detectarlas. Ante este escenario, muchos optan por alejarse: tres de cada diez han dejado temporalmente las redes sociales por saturación o malestar, y un 40 % adicional se ha planteado hacerlo.

Hábitos de consumo: la información entre pantallas

La vida informativa de los jóvenes españoles discurre casi por completo en el entorno digital. Siete de cada diez recurren a las redes sociales como principal fuente de noticias, muy por delante de la televisión o la prensa. Casi la mitad pasa entre tres y cuatro horas al día conectada, en un espacio donde ocio, conversación y actualidad se mezclan sin fronteras. En ese flujo continuo, ocho de cada diez aseguran encontrarse con desinformación de forma habitual, especialmente en cuestiones sensibles como política, migración o conflictos internacionales.

Aunque un 61 % sigue en redes a medios de comunicación o periodistas, la relación con la información suele quedarse en la superficie: muchos admiten que solo leen titulares y que verifican lo que consumen de forma esporádica. Solo un 13 % contrasta siempre los contenidos. Con este uso cotidiano, los bulos dejan de ser excepciones y pasan a convertirse en parte del paisaje digital.

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Imagen: Pixabay

Consecuencias sociales: responsabilidad y alfabetización mediática

La juventud española no se limita a observar el problema: exige cambios. Tres de cada cuatro jóvenes piden que las plataformas alerten de forma visible cuando un contenido es dudoso, y dos de cada tres consideran que las empresas tecnológicas no hacen lo suficiente para frenar la expansión de las noticias falsas. También señalan a los medios de comunicación y a las instituciones como actores clave para construir un entorno informativo más seguro y transparente.

Pero la responsabilidad no se delega por completo. Más del 80 % cree esencial aprender a distinguir entre información veraz y falsa, y un 63 % reclama formación específica para identificar bulos. Más de la mitad defiende que centros educativos y espacios de trabajo incorporen programas de alfabetización mediática. En conjunto, la educación en competencias informativas se perfila como la apuesta más sólida para recuperar la confianza y reforzar el vínculo de la juventud con la vida democrática.

Hablan los expertos

La alfabetización mediática no es solo una cuestión de consumo crítico, también lo es de bienestar emocional. Así lo subraya Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud, quien insiste en que los jóvenes no rechazan la información, sino la sensación de desorientación permanente que provoca un entorno saturado. “La educación debe acompañarlos no para desconfiar de todo, sino para aprender a orientarse sin miedo en un ecosistema complejo”, apunta.

En la misma línea, Francisco Muñoz, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, advierte que la hiperexposición digital ha generado cámaras de eco que fragmentan la realidad y alimentan un “estado del malestar” marcado por la saturación, la confusión y la desconfianza. “No es culpa de la juventud —añade—, sino de los algoritmos y estructuras invisibles que condicionan cómo socializan, se informan y toman decisiones”. Para Muñoz, el reto pasa por construir una cultura digital más transparente y crítica, capaz de reequilibrar la relación entre tecnología, verdad y ciudadanía. 

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