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Alcance de la pirámide nutricional estadounidense

Tras dos años de andadura, la iniciativa estadounidense Mypyramid logra convertirse en una importante herramienta para que millones de estadounidenses adopten adecuados hábitos de nutrición

Colores en franjas verticales que representan grupos y tipos de alimentos distintos conforman lo que los expertos del Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, en sus siglas inglesas) denominan Mi Pirámide, una iniciativa que comenzaba hace dos años para ayudar a los consumidores a adoptar una dieta sana. Si bien emprendía su andadura con ciertas reticencias en cuanto a su eficacia, ahora las valoraciones tanto de consumidores como de responsables sanitarios son más que generosas, atendiendo a las importantes mejoras que se han producido en el campo de la nutrición. Reducir los casos de obesidad y sobrepeso ha sido una de las principales finalidades de esta iniciativa.

Verde para las verduras, naranja para cereales, rojo para las frutas, el azul como representación de los productos lácteos y para carnes y legumbres el morado; por último, el amarillo para las grasas. La pirámide nutricional estadounidense, que recibía importantes modificaciones en 2005 con respecto a la de 1992, se ha convertido en una de las «herramientas más efectivas para transformar investigación nutricional en pautas nutricionales», afirma Naomi Fukagawa, co-presidente de la Sociedad Estadounidense de Nutrición. Una de las principales novedades de la Pirámide reside, tal y como reconoce Marisa Moore, portavoz de la American Dietetic Association, en la posibilidad de adoptar planes de dieta «individualizados», más que en ofrecer modelos de dietas más generales.

El alcance de la iniciativa ha sido sustantivo, ya que tanto el Centro para Políticas y Promoción de la Nutrición (CNPP, en sus siglas inglesas) como el Servicio de Alimentos y Nutrición del USDA llevan incorporando, desde su segundo estreno, los mensajes nutricionales de la pirámide en sus programas de nutrición. Para ello, los expertos se sirven de información como la edad, el género y los niveles de actividad física para poder fijar una «dieta personalizada» sobre la manera más eficiente de consumir los cinco grupos de alimentos. Así, bajo pretextos educacionales, la pirámide intenta transmitir de forma sencilla y especial a todos los consumidores, pero de forma particular a los adolescentes y niños, las mejores pautas alimenticias en función de las distintas necesidades, aunque no abarca casos de personas que sufren alguna enfermedad crónica.

Mayor variedad de alimentos

Las directrices de la nueva Pirámide pretenden incorporar las principales novedades en cuanto a ciencia nutricional se refiere La pirámide establece una categorización de los alimentos que se reparte en pan, cereales, pasta y arroz; frutas y verduras en el siguiente nivel, a las que les siguen bandas más estrechas en representación de lácteos y alimentos ricos en proteínas (carne, huevos y pescado) y, en la parte más alta, grasas, aceites y dulces. En el caso de los aceites, los expertos aconsejan que se consuman con moderación. Pero más que ofrecer una única recomendación, el Plan MiPirámide ofrece consejos destinados a facilitar la mejor elección de cada grupo de alimentos, encontrar un equilibrio entre la alimentación y la actividad física y obtener una adecuada nutrición de las calorías consumidas.

En el momento de la presentación del nuevo modelo de pirámide, que recomienda tomar más cantidad de frutas y verduras y limitar la cantidad de sal y azúcar en las comidas, algunos expertos apuntaban la necesidad de completar la iniciativa con una regulación de la alimentación en los comedores escolares o en los restaurantes de comida rápida. Y en ello han estado trabajando las principales autoridades sanitarias del país desde entonces. Un ejemplo de ello son las Guías Alimentarias de 2005, considerada por los expertos el «pilar de la política de nutrición» del país. En ellas se ofrecen consejos sobre cómo moderar o limitar los componentes de la dieta que se consumen en ocasiones en exceso.

Calorías discrecionales

Calorías «esenciales» y calorías «suplementarias». Son las dos categorías en las que dividen los expertos la cantidad de calorías que pueden llegar a ingerirse. Las primeras, las esenciales, son las calorías mínimas para satisfacer las necesidades de nutrición; seleccionar alimentos con pocas grasas y sin azúcares agregados de cada grupo de alimentos es, según los expertos, la mejor «compra» de nutrientes. Las discrecionales, en cambio, son las denominadas también «suplementarias», y su consumo debe centrarse en cantidades que van de las 100 a las 300 al día, especialmente en las personas que no practican ejercicio físico. Los niveles de calorías suelen basarse en los Requisitos de Energía Estimados y en los niveles de actividad del Informe de nutrientes macro de consumo de referencia del Instituto de Medicina.

MÁS FRUTAS Y VERDURAS

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Pese a los avances obtenidos en materia de nutrición con iniciativas como la estadounidense, ahora un informe presentado por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades estadounidenses (CDC, en sus siglas inglesas) pone en evidencia el escaso consumo de frutas y verduras y el largo camino aún para que los consumidores del país alcancen las metas nacionales para una dieta saludable.

«Sólo el 32,6% de los adultos consume frutas dos o más veces al día», reconoce Larry Cohen, uno de los responsables de CDC, cifra muy por debajo de lo que recomiendan las autoridades sanitarias, que pretenden que el 75% de la población consuma frutas dos o más veces al día y que el 50% ingiera verduras tres o más veces al día para el año 2010.

Para David Katz, director del Centro de Investigación Preventiva de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, la importancia de estas dos categorías de alimentos reside en su importante «potencial para fomentar la salud y combatir enfermedades». El problema no es, sin embargo, la falta de conocimiento de los potenciales beneficios de estos alimentos. Según el informe, publicado en Morbidity and Mortality Weekly Report, es necesario continuar «poniendo en práctica» medidas de tipo educativo para motivar a los consumidores a consumir frutas.

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