La cocción de verduras y hortalizas, de carnes o de pescados deja un nutritivo resultado: el caldo. Este líquido, además de concentrar muchas propiedades de los alimentos, es muy sabroso. Por ello se emplea para otras elaboraciones, como los arroces o las salsas. El caldo es un gran aliado de la economía en la cocina, pues permite sacar el máximo partido a los alimentos. Pero ¿qué pasa con el caldo morado o violeta resultante de la cocción de una lombarda o col roja? ¿Se puede aprovechar? A continuación recopilamos algunas ideas prácticas para utilizar este caldo tan colorido y darle un toque especial a las recetas más simples.
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Merece la pena cocer una lombarba para degustarla en múltiples recetas y, también, para ver el caldo tan colorido y espectacular que se consigue con su cocción. Un caldo que, por su color tan peculiar, muchas veces se acaba descartando. Sin embargo, se puede aprovechar de varias maneras y trasladar sus tonos morados, ligeramente azulados, a una gran cantidad de platos y salsas. Aquí van algunas ideas.
¡Dale un color a tus croquetas!
Existen muchos alimentos blancos que es posible «teñir» de manera natural con el caldo de la lombarda. Así, podemos cocer en él otras verduras y hortalizas (como patatas o coliflor) o envasar al vacío verduras y hortalizas blancas con el caldo para teñirlas y jugar con ellas en cuanto a aspecto y color.

También se pueden usar unas gotas para darle un color original a las mayonesas (en un picoteo, por ejemplo) o teñir la leche para elaborar croquetas o cualquier bechamel agregando mitad de leche y mitad del caldo de cocción de la lombarda.
Haz pasta fresca de color morado-azulado
Otra opción es elaborar pasta fresca de color morado-azulado añadiendo el caldo de lombarda. Para ello, necesitas: 200 g harina, un huevo, 30 o 40 ml de caldo de lombarda, una cucharada de aceite de oliva y una pizca de sal.
Haz un volcán con la harina y, en el cráter, añade el huevo batido, un chorrito de aceite de oliva, el caldo de lombarda y una pizca de sal. Mezcla y amasa hasta lograr una masa suave que no se pegue. Déjala reposar media hora, tapada con film, y luego estírala con rodillo. ¡Tendrás una pasta fresca de un color violeta espectacular!
- 💡 Idea: también se puede imitar este proceso con otros caldos de verduras coloridos, como el de espinacas o el de calabaza, para hacer pastas multicolores.
- 📝 Sugerencias de combinaciones: si cortas la pasta en tiras, puedes preparar unos exquisitos tagliatelle a la carbonara, unos tagliatelle marineros con salmón, mejillones y gambas o unos ricos tagliatelle con salsa de almendras.
Cocina arroz azul con el caldo de una lombarda
Otra idea original es usar el caldo de la cocción de la lombarda cuando preparamos un arroz sencillo, o para mojar una paella de verduras. El caldo teñirá el arroz y le dará un color y un sabor muy especiales con el que seguro sorprenderás a los comensales.

Para preparar un arroz pilaw morado, sofríe cebolla y ajo en una cazuela y añade el arroz para que se impregne bien del aceite. Cuando esté brillante, vierte el doble de caldo que de arroz, añade plantas aromáticas como romero, tomillo y laurel, y una pizca de sal. Cocina a fuego suave unos 20 minutos… y tendrás un arroz seco, aromático y muy original para cualquier guarnición.
Si, en cambio, prefieres un arroz cremoso, tipo risotto, rehoga primero el arroz con sus condimentos y luego ve añadiendo poco a poco el caldo de lombarda —unas dos tazas y media por cada taza de arroz— sin dejar de remover durante unos 20 minutos. Cuando esté meloso, incorpora un poco de queso rallado… y disfruta de un risotto morado, suave y delicioso.
Haz pan casero… y violeta
Hacer pan casero es muy fácil. Y este, además, tiene un toque morado muy original. La técnica es parecida a la que se emplea para elaborar pasta.
Forma un volcán con 250 g de harina y vierte en el centro, poco a poco, el caldo de lombarda mezclado con un poquito de levadura de panadería y una pizca de sal. Amasa hasta obtener una bola lisa que no se pegue a las manos. Déjala reposar tapada en un lugar templado unas dos horas, hasta que doble su tamaño.
Vuelve a amasar, da forma a los panecillos y deja que reposen otra hora sobre la bandeja del horno. Píntalos con una mezcla de huevo y agua para darles brillo y hornéalos a 230 ºC durante 20 minutos, con una bandeja de agua en la base del horno para crear vapor.
Después, retira el agua, baja la temperatura a 200 ºC y hornea 20 minutos más. Sácalos, déjalos enfriar sobre una rejilla… ¡y disfruta de unos panecillos morados, crujientes y deliciosos!


