Saltar el menú de navegación e ir al contenido

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Alimentación

“Nutri-Score es el mejor sistema que podemos poner en marcha dentro de la UE”

Alberto Garzón, ministro de Consumo

Imagen: Eroski Consumer

El consumo habitual de bebidas azucaradas y alimentos ricos en grasas saturadas, azúcares y sal es una de las principales causas de obesidad. Esto supone un grave problema de salud pública en nuestro país, donde el 40 % de los menores de entre 6 y 9 años presenta exceso de peso. Mejorar las elecciones de compra y regular la publicidad dirigida a los niños son dos prioridades para el ministro de Consumo, Alberto Garzón, quien defiende el sistema Nutri-Score como herramienta para conseguirlo, si bien reconoce sus limitaciones. Según fuentes del ministerio, este etiquetado va a proporcionar perfiles nutricionales que servirán de base para abordar a finales de año la regulación de la publicidad de los productos insanos, con especial atención a aquella dirigida a los menores. Nos lo cuenta en esta entrevista.

¿La implantación del etiquetado Nutri-Score tendrá lugar este año?

El etiquetado Nutri-Score se va a regular después del verano y será voluntario. Y, además, forma parte del acuerdo de Gobierno. Creemos que 2021 es el mejor momento. Somos conscientes de que Nutri-Score es un instrumento que ayuda, pero no es perfecto. Tiene algunos déficits importantes. Al fin y al cabo, se trata de un algoritmo, un indicador sintético que trata de resumir en una sola imagen mucha información, y eso tiene lagunas. Probablemente, es el mejor de los que podamos poner en marcha dentro de la regulación actual europea, pero tiene carencias. Trabajamos para corregirlas.

¿Qué se quiere corregir?

Por ejemplo, el caso de monoingredientes como el aceite de oliva. El algoritmo los penaliza, y no es justo, porque no es cierto, desde el punto de vista científico, considerar al aceite perjudicial para la salud. Si los monoingredientes no están bien valorados, no queremos incluirlos. No queremos trasladar ningún mensaje que no sea científico y, por lo tanto, la protección del aceite de oliva está garantizada.

¿Qué supone este sistema?

Va a ayudar a que las empresas se adapten al algoritmo y modifiquen sus propios componentes, para que eso no solo sea una dinámica de buena voluntad o de adaptación a los deseos de los consumidores que, como digo, están siendo cada vez más exigentes. Nutri-Score es también una invitación a que las empresas hagan los cambios oportunos para todo tipo de productos, con el fin de llegar a tener un abanico mucho más saludable. Y al hecho fundamental de que quien va a consumir sepa lo que está comprando, que no se deje guiar –o por lo menos sea mucho más difícil–, por ese tipo de informaciones erróneas que muchas veces se trasladan desde algunas empresas.

Nutri-Score levanta mucha polémica. ¿Tienen en cuenta lo que se hace en otros países de nuestro entorno?

Participamos recientemente en un encuentro internacional con bastantes países que ya lo tienen implantado. En el Comité Rector de Nutri-Score en la UE están Francia, Alemania… Y España. Aunque no lo tenemos implantado todavía, estamos ya dentro. Tenemos claro que va a salir hacia adelante. Nutri-Score es el mejor de los sistemas que podemos poner en marcha dentro de la UE. Fuera existen otros etiquetados. Incluso algunos que recomienda la OMS, como el de Chile, un modelo distinto porque implica obligatoriedad. Pero la normativa europea, de momento, no lo permite. En el Comité Rector del Nutri-Score, donde nos incorporamos progresivamente, vamos a intentar avanzar y cambiar para que la industria acompañe necesariamente a los gobiernos y se tenga que ir adaptando a las normas para que, más temprano que tarde, pasemos a algo mejor que el Nutri-Score. Pero, de momento, Nutri-Score va a suponer un salto cualitativo, porque hoy en día no existe nada.

¿No cree que Nutri-Score podría crear una brecha entre las propias empresas fabricantes? Es decir, entre las que tienen más recursos para invertir en una reformulación de sus productos frente a otras que no los tienen.

No es un riesgo real. Las inversiones que hacen falta para adaptar tu producto a un consumo más saludable no son relevantes. Hay que hacer lo que no se ha hecho antes porque no había conciencia. No se trata de una cuestión moral. Antes, sencillamente, no había esa demanda por parte de la población; no había un conocimiento científico, no se conocían los impactos a medio y largo plazo de determinado tipo de producto. Todo eso está cambiando, y muchas empresas han modificado ya la mayor parte de los ingredientes de sus productos estrella, adaptando o rebajando aquellos ingredientes perjudiciales.

¿Diría que todas son conscientes?

Sí, y los cambios tienen que seguir la normativa. Nosotros les empujamos a ello por un motivo de salud pública, no por ningún capricho: creemos que se tiene que hacer de forma más rápida. Es decir, no obligamos a ninguna empresa a cambiar su producción; ni lo que venden ni cómo lo distribuyen. El consumidor va a tener a su disposición un indicador que le dirá si un producto es mejor o peor. Y luego hará, naturalmente, lo que le parezca oportuno. Las empresas van a tener un incentivo para mejorar su producto, porque a nadie le gusta tener unos indicadores que el consumidor pueda detectar como peligroso.

Para acceder a más contenidos, consulta la revista impresa.


Te puede interesar:

Infografías | Fotografías | Investigaciones