¿Existen alimentos para aumentar las defensas?

Diversos nutrientes, vitaminas y minerales participan en el sistema inmunitario, pero eso no significa que una dosis extra de ellos mejore las defensas
Por Julio Basulto 24 de septiembre de 2014
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Imagen: Katrin Morenz

Muchos alimentos, bebidas y nutrientes tienen la fama de incrementar las defensas del organismo. Se dice de ellos que mejoran el ánimo o la energía vital, que fortalecen el sistema inmunitario. La publicidad los presenta como las mejores ayudas para prevenir resfriados, infecciones y cansancio, en especial ahora, cuando se acerca el frío y aumentan las obligaciones cotidianas. ¿Qué hay de cierto en dichas promesas? Este artículo revisa si es verdad que existen alimentos, complementos, nutrientes o “plantas medicinales” que mejoren nuestro sistema inmunitario y enumera algunos aspectos de crucial importancia para evitar infecciones que van más allá de una dieta sana.

El sistema inmunitario, un entramado sorprendente

El sistema inmunitario humano no funciona como un lavavajillas, al que basta con añadir un detergente y pulsar un botón; es un complejo entramado de células cuya respuesta ante las infecciones puede ser incluso sorprendente. Un ejemplo de ello son los síntomas de la gripe, como la fiebre o la mucosidad. Se interpretan como un aviso de que el sistema inmunitario está débil, cuando en realidad son la prueba de que funciona bien: el sistema inmunitario trabaja mejor a altas temperaturas, mientras que los gérmenes no se reproducen bien cuando sube la fiebre.

A menudo se piensa que tomar un alimento concreto influye en la velocidad a la que se mejora. Uno de estos alimentos es la sopa. Es muy probable que sus virtudes no tengan que ver con sus ingredientes, sino con su preparación: cuando alguien nos hace esta receta con amor y cuando nos sentamos a tomarla sin prisas, nuestro bienestar mejora, y con él nuestro sistema inmunitario.

Alimentos para las defensas: deben probar su eficacia

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Entonces, ¿es legal afirmar que un alimento mejora las defensas para promocionar su venta o consumo? No, si el fabricante no es capaz de demostrarlo. Según la legislación vigente, cualquier fabricante de un alimento que quiera acompañarlo de una declaración de salud tiene que justificar sus afirmaciones mediante evidencias científicas veraces. El reglamento 1924/2006, que regula esta cuestión, establece que «las declaraciones de propiedades saludables solo deben autorizarse para su uso en la Comunidad Europea después de efectuar una evaluación científica del nivel más elevado posible». Y que, con el fin de garantizar un criterio científico riguroso y homogéneo, la institución encargada de hacer estas evaluaciones es una: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Así, la EFSA vela por la veracidad de las declaraciones de salud que acompañan a los alimentos o suplementos que llegan a nuestra mesa. Esta institución evalúa las declaraciones de salud de los explotadores de empresas alimentarias. Para ello tiene en cuenta todos los datos científicos disponibles y la ponderación de las pruebas. Dictamina si las declaraciones de salud están o no fundamentadas de manera científica y, en consecuencia, si es o no legal utilizarlas para promocionar o comercializar el producto.

Ningún alimento o complemento pasa por el cedazo de la EFSA, cuyos dictámenes tienen carácter legal en toda Europa. Tras revisar la literatura científica disponible, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ha aprobado ninguna declaración de salud relacionada con la inmunidad en ningún alimento, complemento dietético o «planta medicinal». Los siguientes son algunos ejemplos:

  • Ácidos grasos omega 3.
  • Bacterias probióticas (como diversas cepas de Lactobacillus).
  • Bacterias responsables de la fermentación de la leche.
  • Extracto de melón.
  • Germen de trigo.
  • Jalea real.
  • Lácteos fermentados.
  • Lecitina.
  • Levadura de cerveza.
  • Licopeno del zumo de tomate.
  • Miel.
  • Otras bacterias presentes en múltiples tipos de yogur.
  • Propóleo.
  • Zumo de granada (u otros zumos de fruta).

Anuncios comerciales que engañan al consumidor

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Pese a ello, no dejan de aparecer noticias poco sustentadas que relacionan alimentos e inmunidad. Un ejemplo está en el siguiente titular: ‘El vino tinto y los arándanos podrían proteger el cuerpo estimulando el sistema inmunológico’, que se encargó de desmentir en septiembre de 2010 NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido.

Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Salud de Estados Unidos halló que el 20% de las declaraciones relacionadas con la pérdida de peso y con la inmunidad que acompañan a suplementos dietéticos son ilegales. Se trata de algo preocupante no solo porque supone un «engaño» a los consumidores, sino porque estos productos representan uno de los segmentos de más rápido crecimiento en el mercado de los suplementos dietéticos. El engaño puede tener consecuencias serias, dado que muchos consumidores pueden interpretar que estos complementos pueden usarse para tratar enfermedades en sustitución de tratamientos médicos acreditados (algunos de los complementos analizados afirmaban ostentar propiedades curativas del cáncer). No es imposible encontrar hoy en el mercado europeo complementos con declaraciones que también vulneran los dictámenes de la EFSA.

Los nutrientes implicados en el sistema inmunitario

La EFSA sí reconoce que algunas vitaminas o minerales (cobre, folato, hierro, selenio, zinc o vitaminas A, B6, B12, C y D) participan en el funcionamiento del sistema inmunitario. Pero es importante matizar que «participa en el funcionamiento del sistema inmunitario» no es sinónimo de «mejora el sistema inmunitario». Es decir, dicha «participación» no se traduce en que tomar una dosis extra de estos nutrientes mejore la inmunidad. Tampoco es sinónimo de que haya deficiencias de tales nutrientes en la población.

A modo de ejemplo, en el mismo documento donde la EFSA constata que el cobre está implicado en el sistema inmunitario, se lee que las evidencias científicas «no establecen que exista en la población europea una ingesta inadecuada de cobre que conduzca a un mal funcionamiento [del sistema inmunitario]». En el texto que declaró que la vitamina A contribuye a la función del sistema inmune se lee que esta vitamina se puede cubrir «fácilmente» con una dieta equilibrada.

Ante una situación de clara deficiencia de un nutriente implicado en el sistema inmunitario, tomarlo puede tener un efecto en la respuesta inmune. Pero si no se está ante dicha situación, lo más probable es que no exista efecto alguno. Ingerir mucha vitamina C (es clásico el dicho «toma zumo de naranja para el constipado») solo mejora el sistema inmunitario cuando hay carencias serias de la vitamina, algo muy poco frecuente en España.

La suplementación con nutrientes específicos, en cualquier caso, conviene que sea revisada por un dietista-nutricionista, dado que los excesos de nutrientes no están exentos de riesgos. Uno de ellos es perjudicar la respuesta inmunitaria, por paradójico que parezca.

Cómo mejorar el sistema inmunitario

Además de las vacunas y de la leche materna (cuya implicación en el sistema inmunitario es indiscutible), otros factores que tienen mucho que ver con la inmunidad son una buena higiene (tanto personal como la relacionada con la seguridad alimentaria), evitar el tabaquismo, el alcoholismo o el sedentarismo, mantener un peso saludable, controlar el estrés, dormir lo suficiente y seguir una dieta sana. Sobre este último punto, la alimentación saludable, conviene recordar que no es cuestión de fijarse en un nutriente aislado o un alimento concreto, sino en el conjunto de la dieta.

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