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La sal y su consumo

Una persona consume de media entre 10 y 12 g de sal diarios

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no consumir cada día más de seis g de sal. Una cifra que, en la práctica, la mayoría de las personas llegan incluso a duplicar. A la cantidad de sal que contienen por sí mismos los alimentos, especialmente los precocinados, se añade la utilizada en el proceso de preparación y cocinado, con lo que la cifra final puede llegar a superar los doce gramos. Los expertos aconsejan moderar el consumo y educar al paladar desde la infancia para evitar futuros problemas de hipertensión o corazón.

Efectos en el organismo

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Un adulto contiene en el organismo entre 250 y 300 g de sal. Si se supera esta cantidad en límites aceptables, el propio cuerpo la suele eliminar sin dificultad. Sin embargo, cuando esto no ocurre y el organismo no es capaz de eliminar ese exceso, reducir el consumo es el paso más inmediato y necesario para evitar alteraciones de la presión sanguínea o daños irreversibles en los riñones.

Estas son algunas de las consecuencias de un excesivo consumo de sal:

  • El exceso de sal retiene agua, con el consiguiente aumento de peso, y obliga al corazón, al hígado y a los riñones a trabajar por encima de sus posibilidades.
  • Es la causante de problemas de hipertensión arterial, diversos padecimientos del corazón, enfermedades hepáticas y renales.
  • Los problemas no aparecen de manera inmediata, sino con el paso del tiempo, por lo que conviene tomar precauciones desde la infancia.
  • Fumadores, diabéticos y personas obesas ven agravada cualquier disfunción del organismo ante un consumo excesivo de sal.

Los defensores de este complemento sostienen, no obstante, que la sal contribuye al buen funcionamiento de los órganos vitales e inciden, como afirma el doctor Jesús Morán, de la Sociedad Española de Hipertensión, en la idea de que consumir de forma sistemática mucha sal contribuye a que el corazón se haga más grande, “aunque no se puede sacar ninguna conclusión para la población en general”.

Por otra parte, los niveles aceptables de sal son válidos para:

  • Facilitar una correcta digestión al favorecer la producción del ácido clorhídrico necesario, lo que regula el nivel de bacterias en el aparato digestivo.
  • Mantener el nivel de los líquidos en el cuerpo y su grado de acidez, permitiendo la transmisión de los impulsos nerviosos y la absorción del potasio.
  • Proporcionar la cantidad necesaria de minerales como el sodio, potasio, calcio, fósforo, hierro y el yodo.
  • Evitar náuseas, calambres e, incluso, convulsiones provocados por la falta de sal derivada, entre otras causas, por un exceso de sudación.
  • Acentuar el sabor de cada plato y subrayar el de los alimentos sazonados.

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