Las enfermedades reemergentes son patologías infecciosas o no, pero ya conocidas que, después de haber sido controladas, haber disminuido de forma significativa su incidencia o hasta haber sido consideradas como erradicadas, vuelven a manifestarse. A veces, lo hacen aumentando el número de casos, e incluso alcanzando proporciones epidémicas, y en otras ocasiones surgen en localizaciones geográficas donde antes no eran prevalentes.
Nos suena que en nuestro entorno esté pasando con enfermedades infecciosas como el sarampión, pero no tanto con otras debido a déficits nutricionales. Sin embargo, ocurre. De ello alertaban en el último congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
¿Por qué vuelven enfermedades que se creían superadas?
Preguntamos sobre esta cuestión al doctor Miguel Zafra, pediatra del Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid). Asegura que en los últimos treinta años hemos asistido a un “cierto retroceso en la salud global”, un fenómeno que lo achaca a la “sobreconfianza” en el modelo biomédico basado en los avances en vacunación, antibióticos, higiene, nutrición… “El progreso no es indefinido, los logros en la salud pública no son irreversibles”, sostiene. Así, se cojea en vigilancia, prevención y compromiso social, con las enfermedades reemergentes como su máxima consecuencia.
Para el especialista, ponente en el congreso pediátrico de la sesión plenaria ‘Enfermedades desaparecidas y reemergentes en Pediatría, una reflexión ética, histórica y también de actualidad’, este resurgimiento tiene detrás múltiples factores sociales, económicos, ambientales y hasta políticos. Reconoce que mucho sucede por la globalización de las enfermedades infecciosas, debido a la demografía y las conductas humanas (migraciones, turismo y comercio internacional), así como al cambio climático. Sin embargo, sobre todo son causas “condicionantes” otros aspectos:
- La pobreza, la desigualdad social que acompañan a las guerras, el hambre, los desastres naturales y las migraciones sin control. Estas situaciones suponen “dificultades de acceso al sistema sanitario o retraso en el inicio del seguimiento socio-sanitario”.
- El descenso de la inmunización, tanto por falta de control o asistencia sanitaria como por decisión de no vacunar o aplicarlas en dosis insuficientes.
- La desinformación sanitaria en redes sociales y medios de comunicación, que puede tener “consecuencias devastadoras”.
Enfermedades reemergentes: a quiénes afectan
Los más perjudicados de la reaparición de estas enfermedades son los niños y niñas. En España, como señala Zafra, esta situación afecta de manera especial a los peques que provienen de entornos desfavorecidos socialmente procedentes de inmigración de Europa del Este y del África subsahariana, “que no han tenido un adecuado apoyo socio-sanitario”.

Por supuesto, entre los más vulnerables no hay que olvidar a los menores con enfermedades crónicas, las personas mayores o las personas inmunodeprimidas. El experto añade también a las poblaciones que rechazan las vacunas o a quienes llevan dietas muy restrictivas sin control siguiendo modas nutricionales.
Enfermedades reemergentes asociadas a la pobreza y la malnutrición
La obesidad es la forma más común de malnutrición en la infancia y adolescencia. Y en España, constituye un verdadero problema de salud pública, como vimos en nuestro monográfico sobre obesidad infantil.
Sin embargo, también algunas enfermedades que creíamos desaparecidas o muy controladas con medidas sanitarias o biomédicas vuelven a emerger en situaciones de pobreza y malnutrición en los países desarrollados. Y esto es importante en el nuestro, porque, según los datos más actuales, la pobreza infantil atañe en España a uno de cada tres menores (33,2 %): 2,6 millones de niños, niñas y adolescentes se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social.
La pobreza infantil impacta en la alimentación y salud de los menores. Una alimentación inadecuada por este motivo puede llevar a déficits nutricionales que pueden derivar en enfermedades carenciales. Zafra destaca dos que ya detectan los pediatras en sus consultas, aunque la AEP puntualiza que son “casos aislados”:
🟠 Escorbuto
La vitamina C (ácido ascórbico) es un potente antioxidante que ayuda en la producción de colágeno y de neurotransmisores y que, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), contribuye al funcionamiento del sistema inmunitario y facilita la absorción del hierro de los alimentos de origen vegetal.
En la infancia hay que tomar una dosis diaria de 20 a 100 mg. Es fácil conseguirla, ya que esta vitamina se encuentra en multitud de frutas y hortalizas, especialmente en cítricos, fresas, kiwi, papaya, tomate, pimiento rojo, espinacas, brócoli o coles de Bruselas.
Pero los niños, niñas y adolescentes en España apenas comen frutas y verduras. Y esto es un verdadero problema, pues una insuficiente ingesta de vegetales puede derivar en una deficiencia grave de vitamina c, que a su vez puede causar una enfermedad reemergente: el escorbuto. De hecho, se asocia a dietas extremadamente restrictivas o selectivas, trastornos de la conducta alimentaria (TCA) o situaciones de vulnerabilidad social.
Entre los síntomas del escorbuto están el cansancio y las hemorragias como sangrado de encías o de nariz, además de problemas óseos, como cojera o dolor en las extremidades, o cardiacos, lo que podría resultar fatídico.
🟠 Raquitismo
La vitamina D es fundamental para el desarrollo muscular y óseo de los menores, así como para su sistema inmune. La obtienen a través de una adecuada exposición solar y una alimentación con lácteos, pescados azules y huevos.
Pero cuando esto falla, los niveles de vitamina D bajan y hay posibilidad de sufrir raquitismo, una enfermedad del metabolismo que disminuye la mineralización del hueso y altera el cartílago de crecimiento, por lo que los huesos se vuelven blandos y menos resistentes. Retraso del crecimiento, debilidad muscular o piernas arqueadas son algunos de sus síntomas. Y en los casos más graves puede provocar una bajada de calcio en la sangre, que puede producir temblores y hasta convulsiones.

En los recién nacidos los hábitos para adquirir la vitamina D son imposibles. Además, la leche materna es pobre en este nutriente. Así que al menos durante su primer año de vida los bebés deben tomar suplementos de vitamina D. Pero debe hacerse siempre en las dosis correctas, pues una administración errónea podría causar hipercalcemia, un problema grave del que advertía recientemente la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).
En ese sentido, además de los bebés prematuros, tienen más riesgo de presentar déficit de vitamina D y raquitismo los niños de piel oscura alimentados con lactancia materna prolongada y que no se exponen al sol. Las alteraciones nutricionales también tienen mucha culpa, y es que también pueden sufrirlo los menores que siguen dietas muy restrictivas, los que tienen problemas digestivos que dificultan la absorción de nutrientes y quienes tienen una ingesta insuficiente de calcio.
Enfermedades reemergentes infecciosas
Además, existen otras enfermedades infecciosas, que se pueden prevenir con vacunas y controlar con medidas higiénico-sanitarias y sociales, pero que regresan cuando no se siguen los cuidados básicos de salud que deben aportar los sistemas sanitarios públicos. Con ellas no se puede bajar la guardia. Miguel Zafra destaca cuatro enfermedades infecciosas reemergentes:
🔵 Sarampión
En los últimos años, el virus del sarampión ha protagonizado varios brotes importantes, algunos de ellos en España. De hecho, según datos del Ministerio de Sanidad, este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha retirado al país el estatus de territorio libre de transmisión endémica de sarampión tras registrarse 229 casos confirmados en 2024 y 400 en 2025.
Extremadamente contagiosa, el sarampión puede llegar a ser muy grave: en bebés de un año sin vacunar el sarampión puede provocar complicaciones graves como neumonía, encefalitis e incluso ceguera.
🔵 Sífilis congénita
Se creía que había pasado a la historia, pero no. También en España, como en otros países desarrollados, hemos asistido a un aumento de casos de sífilis congénita, una enfermedad del recién nacido causada por la transmisión de la bacteria Treponema pallidum desde la madre al hijo. En concreto, se ha triplicado la tasa de casos desde 2016 a 2024, coincidiendo con el incremento de los casos de esta infección de trasmisión sexual (ITS) en mujeres.
Esta enfermedad es causa de aborto, muerte neonatal o muerte del bebé por parto prematuro. Como explican en Instituto de Salud Carlos III, puede no tener síntomas al nacer o manifestarse, por ejemplo, con diversas lesiones cutáneas y alteraciones óseas en los dos primeros años de vida. A partir de esa edad, la afectación no se queda en los huesos y se amplía a ojos y oídos, entre otros problemas.
🔵 Tuberculosis

Nunca se ha ido, pero la tuberculosis repunta tras la pandemia de covid-19, sobre todo en menores de 15 años y en personas nacidas en otro país. Y con el desafío creciente de las resistencias: cada año se estiman cerca de 400.000 nuevos casos de tuberculosis resistente a uno de los principales antibióticos, como apuntan desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).
Esta infección respiratoria, que afecta principalmente a los pulmones, no siempre enferma: solo entre un 5 % y un 10 % de las personas infectadas desarrollan la enfermedad. Pero el mayor riesgo está en niños pequeños y en personas con el sistema inmunitario debilitado.
🔵 Difteria
En 2015 se registró en nuestro país el primer caso de difteria en 30 años: un niño de seis años no vacunado. Desde entonces, ha habido solo 17 casos confirmados, según datos de Sanidad.
Pero no hay que confiarse abandonando la vacunación, como denuncian en un estudio reciente en The Lancet. La difteria es una enfermedad respiratoria, causada por la bacteria Corynebacterium diphtheriae, que se contagia con facilidad por estar en contacto con un enfermo y cuya letalidad oscila entre el 5 % y el 10 %.
Cómo prevenir las enfermedades reemergentes en la infancia
Para evitar el regreso de estas enfermedades reemergentes, el pediatra Miguel Zafra tiene claro que hay que atacar por varios frentes:
- Promover una alimentación saludable. “La desnutrición hace más vulnerable al individuo ante las enfermedades infecciosas”, recuerda. En cambio, una alimentación saludable contribuye a disminuir los riesgos nutricionales.
- Mantener altas coberturas de vacunación. “En las enfermedades con posibilidad de vacuna es decisivo no perder la inmunidad de grupo poblacional, es decir, no bajar la guardia. Si se deja de vacunar porque la enfermedad parece desaparecida, el resultado es que más pronto que tarde reaparecerá”, advierte el experto.
- Reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica. “Un ejemplo emblemático es el diagnóstico precoz de sífilis en una embarazada, puesto que además tiene un tratamiento antibiótico eficaz para la madre y para el feto”, señala Zafra. Pero es necesario más, por eso insiste en una vigilancia especial y un registro de casos, además del seguimiento de protocolos y la optimización de todos los contactos sanitarios para alertar sobre las enfermedades infecciosas.
- Garantizar el acceso equitativo a la atención sanitaria. Para eso antes el pediatra considera que es «crucial» desarrollar un adecuado seguimiento y promoción de la salud en escolares, bebés y mujeres embarazadas o con hijos, «especialmente si no tienen un soporte económico o apoyo del tejido familiar o social”. Además, destaca el papel de los educadores y de la enfermería escolar para detectar menores vulnerables en los colegios y de todos los contactos sanitarios (urgencias, atención primaria, hospitalaria) contando) con el apoyo de trabajadores sociales para su acceso a la sanidad.
- Actuar sobre los determinantes sociales que condicionan la salud infantil. “Quizá ayudaría una prestación por crianza en los colectivos marginados o desprotegidos en bolsas de desigualdad en países desarrollados. Pero hacen falta más medidas”, concluye el especialista.


