La vitamina D es uno de los nutrientes esenciales para el adecuado crecimiento y desarrollo infantil: favorece la asimilación del calcio y del fósforo, dos minerales que forman parte de nuestra masa ósea y dental.. Y es una vitamina especial, ya que el cuerpo lo puede sintetizar a partir del contacto de la luz solar con la piel. Precisamente por esto, los bebés son un grupo de riesgo por déficit de vitamina D. Por eso conviene saber cuánta vitamina D requieren los pequeños y que existen suplementos por vía oral para suministrarla.
¿Qué es la vitamina D y para qué sirve?
La vitamina D resulta vital para la salud del bebé. Contribuye a que los huesos absorban de manera correcta el calcio y el fósforo, lo que ayuda al crecimiento de huesos y dientes. De este modo, se evitan problemas como la osteomalacia (huesos blandos) y el raquitismo en los peques, además de prevenir problemas dentales como la caries. Asimismo, favorece el desarrollo del sistema inmunológico, por lo que tiene un papel destacado frente a enfermedades respiratorias como el asma y enfermedades cardiovasculares.
Una correcta exposición solar y una alimentación con lácteos, pescados azules y huevos, fuentes de vitamina D, proporciona al organismo una buena dosis de esta vitamina. Pero en el caso de los bebés menores de un año esto no es posible: aún no han instaurado una alimentación como los adultos y apenas son expuestos al sol.
Los bebés son un grupo de riesgo por déficit de vitamina D
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los bebés son un grupo con riesgo de padecer una carencia de vitamina D, en especial si han nacido en otoño o invierno y en latitudes extremas, porque pasan buena parte de sus primeros seis meses de vida dentro de sus casas.
Además, cuando sus padres y madres sacan de paseo a sus bebés lo hacen tapados con mucha ropa. Y, cuando llega el verano, se les protege a conciencia del sol; casi todos los progenitores toman medidas de protección solar con sus peques para evitar que se quemen. Algunos viven, además, en ciudades con alta concentración de contaminantes en el aire y con edificios altos, que bloquean los rayos solares.

Todas estas circunstancias suponen una baja exposición al sol, a menudo insuficiente para que los bebés sinteticen la vitamina D necesaria para cubrir sus requerimientos.
A esto hay que añadir que la leche materna es pobre en este nutriente y, aunque los bebés absorben en el útero la vitamina que necesitan, pueden darse casos esporádicos de déficit.
Cuánta vitamina D necesita el bebé
Por todo ello, es habitual que los pediatras prescriban suplementos. Por lo general, los complementos alimenticios en la infancia deben reservarse para situaciones concretas y siempre bajo supervisión médica. Pero uno de los pocos casos en los que existe consenso es el de la vitamina D.
Prácticamente todas las guías clínicas conciben una suplementación universal para la población pediátrica sana. De hecho, diferentes instituciones de salud y sociedades científicas de diversos países señalan que los bebés necesitan durante su primer año de vida entre 400 UI (Unidades Internacionales) de vitamina D al día, como recoge esta investigación en ‘Anales de Pediatría’ (2025). Así lo recomiendan, entre otros, la Asociación Española de Pediatría (AEP), la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) o la Academia Americana Pediatría (AAP).
Hace unos años se hacía distinción entre niños amamantados y los que se alimentaban con leche de fórmula. Sin embargo, hoy en día, apenas hay diferencias en el primer año de vida:
- Los menores de un año que reciban lactancia materna deben recibir un suplemento de 400 UI/día de vitamina D (10 microgramos), iniciando su administración durante los primeros días de vida.
- Todos los bebés menores de un año alimentados con leche de fórmula que ingieren menos de un litro diario de leche artificial han de recibir un suplemento de vitamina D de 400 UI/día.
Suplementos de vitamina D en bebés: efectos secundarios
En cualquier caso, los suplementos de vitamina D (por lo general, una solución líquida que se administra en forma de gotas) deben ser siempre prescritos por el pediatra. Y, por supuesto, es imprescindible ajustarse a la dosificación indicada.
Un exceso de este nutriente (hipercalcemia e intoxicación por vitamina D) puede tener efectos perjudiciales para el bebé: desde anorexia, pérdida de peso, vómitos o estreñimiento, hasta debilidad, fatiga y desorientación.


