El 16 de abril entró en vigor la mayoría del real decreto que fija nuevas normas sobre la alimentación en los centros educativos. La medida pretende, principalmente, que los menús escolares sean más saludables y sostenibles, adaptados a las necesidades nutricionales y recomendaciones de seguridad alimentaria según la edad (por ejemplo, no se pueden ofrecer frutos secos enteros a menores de 6 años por el riesgo de asfixia que entraña). Por ello, deben ser platos supervisados por profesionales con formación acreditada en nutrición humana y dietética, es decir, dietistas-nutricionistas.
Los nuevos menús escolares
La norma debe cumplirse en colegios públicos, concertados y privados que imparten segundo ciclo de Infantil, Primaria, Educación Especial, ESO, Bachillerato y Formación Profesional. Algunos de los centros llevan años implantando en sus comedores algunas de las directrices que marca la nueva legislación, y otros, desde principios de curso, han introducido cambios en concordancia con la ley publicada hace un año para probar qué combinaciones funcionan mejor con los menores.
Aun así, desde hace apenas un mes, todos los centros educativos deben contar en sus comedores con menús que cumplan las siguientes características:
🔷 Primer plato
- Hortalizas: de una a dos raciones por semana.
- Legumbres: de una a dos raciones a la semana.
- Arroz: una ración por semana.
- Pasta: una ración semanal.
- Al menos cuatro veces al mes el arroz o la pasta será integral.
🔷 Segundo plato
- Pescados: de una a tres raciones por semana, alternando el pescado azul y blanco y con la posibilidad de incluir crustáceos y moluscos.
- Huevos: de una a dos raciones en la semana.
- Carnes: como máximo, tres raciones a la semana. Máximo una ración de carne roja a la semana y dos de carne procesada al mes.
- Alimentos que aporten proteína de origen vegetal: de una a cinco raciones por semana.
🔷 Guarniciones
Se priorizarán las ensaladas y guarnición de verdura fresca.
- Ensaladas variadas: de tres a cuatro raciones por semana.
- Otras (patatas, hortalizas, legumbres): de una a dos raciones en la semana.
🔷 Postres
Lo idóneo es que se ponga cada día fruta fresca de postre, a pesar de que en el colegio se haya tomado fruta en el recreo. Pero se permite que una vez a la semana, como mucho, se pueda comer otro tipo de postre, preferentemente yogur y cuajada sin azúcar añadido o queso fresco.
🔷 Otros requisitos
La normativa obliga a ofrecer agua como única bebida y, al menos dos veces a la semana, se añadirá pan integral al menú. Limita las frituras a una ración semanal y los platos precocinados, como pizzas, canelones, croquetas, empanadillas, pescados o carnes rebozados, a una vez al mes.
Por otro lado, se deben priorizar técnicas culinarias, como horno, vapor, hervido, plancha, sofritos y salsas de tomate, y con productos de proximidad y temporada. Y se establece que se use sal yodada, o especias como alternativa, además de aceite de oliva virgen o virgen extra en ensaladas, mientras que preferiblemente aceite de oliva o de aceite de girasol alto oleico para cocinar o freír.
Además, se insiste en que los centros educativos garanticen menús especiales para su alumnado con alergias o intolerancias alimentarias o por motivos éticos o religiosos. Y, como se especifica en el real decreto, esta adaptación “no podrá suponer un incremento del coste total del menú para las familias”.
Ejemplos de nuevos menús escolares
Pero una cosa es la teoría y otra, la práctica. La aplicación de todos estos requisitos en los menús escolares supone un reto para los nutricionistas, el personal de cocina y los monitores de comedor. Debe ser un menú perfecto nutricionalmente y que, a la vez, atractivo a la vista y rico para el paladar de los 2,5 millones de niños, niñas y adolescentes que comen a diario en las instalaciones de los centros educativos, según cálculos de CEAPA (Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado).
Porque si no lo es, se corre el riesgo de que no lo acepten, y se aumente el desperdicio alimentario, que en los colegios suele afectar a los platos principales y la ensalada. ¿Cómo son ahora esos menús?
✔️ Con muchos más vegetales

Si ya de por sí las verduras y su color verde no son, de primeras, del agrado de los peques, la introducción de tantos y tan variados productos vegetales les sorprende. Pero no tanto. Lo que más les impacta, y mayor complicación se aprecia, es la inclusión de la proteína vegetal una vez a la semana.
A pesar de que es posible incorporar carnes vegetales como seitán o tofu, en muchos menús las legumbres son los protagonistas también de los segundos platos. De hecho, así aparece en los menús de los centros que apuestan por lo vegetal en la guía ‘Comedores sobresalientes’, editada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y nutrición (AESAN). Y eso a los peques, y a sus familias, les choca. “A veces —dicen— hay dos primeros platos”.
✔️ Llevan más pescado azul
Junto al consumo frecuente de frutas y verduras, la ingesta de pescado resulta indispensable para garantizar un crecimiento y desarrollo físico y mental saludable de los menores. Aun así, las familias con hijos pequeños y medianos son las que menos productos del mar comen.
Y los colegios tampoco lo fomentaban mucho antes de la entrada en vigor de la ley. Unos 1.200 nunca servían pescado, y si lo hacían, la mayoría recurría al pescado blanco (merluza y bacalao principalmente): solo un 26,1 % alcanzaba la recomendación mínima de pescado azul (tres o más raciones mensuales) con el salmón y el atún como favoritos, según recoge un informe reciente elaborado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN) y por la Organización de Productores de Pesca Fresca del Puerto y Ría de Marín (Opromar).
Si bien el pescado azul es la principal fuente de omega 3, fundamental para el crecimiento, su sabor y las espinas de los ejemplares de temporada (verdel, sardina, chicharro) determinan su uso en los comedores. No en vano, ahora siguen predominando el salmón y atún en muchos menús. Al menos, debe proporcionarse pescado azul y blanco de forma alterna.
✔️ Acercan los cereales integrales
Otro de los puntos “conflictivos” para los niños es la introducción obligatoria de cereales integrales en pan, arroz y pasta. Las familias españolas apenas los toman, como comentamos en este artículo, y hay menores que jamás los han probado en casa, y eso se nota en los comedores. Su sabor, color y hasta olor no suelen ser muy apreciados, y su fibra puede provocar molestias.
De hecho, lo conveniente es que su inclusión sea progresiva, pero un ligero vistazo a diferentes menús escolares corrobora que hay distintas fórmulas. Hay coles que estipulan qué día de la semana ponen pan integral, otros van variando dependiendo del menú. Y existen comedores donde la pasta y el arroz son siempre integrales, y otros que lo indican siempre que los ofrecen.
✔️ Menos procesados y más fruta
Entre los aspectos más valorados por las familias está que desaparecen alimentos procesados como sanjacobos, nuggets, empanadillas, varitas de merluza, carnes empanadas… Y si forman parte del menú, quienes los diseñan señalan su elaboración casera (croquetas).
La fruta de temporada figura como el postre estrella, y el yogur se ofrece una vez a la semana, en ocasiones con fruta fresca si es natural. Pero hay menús que brindan batidos, queso, leche, bebibles… Solo en ocasiones especiales incluyen helados o bizcochos.
Qué hacer para que estos menús escolares sean más apetecibles

Ante tanta novedad, para que estos menús triunfen entre los peques, y así no aumentar el desperdicio alimentario en los comedores escolares, todos debemos poner de nuestra parte. Por supuesto, no se debe forzar el consumo de ningún alimento, sino introducir los cambios poco a poco. Según los pediatras, un niño puede necesitar entre 8 y 15 exposiciones a un alimento nuevo antes de aceptarlo. De ahí que la paciencia resulte fundamental para conseguirlo.
➡️ Cuidar la presentación
Pero igual de importante es ofrecer los productos en preparaciones diferentes y cuidar la presentación de los platos jugando con colores, formas y texturas llamativas. En ello inciden las bioquímicas Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, expertas en nutrición aplicada y salud pública, y fundadoras de Futurlife21.
Así, en cuanto a las verduras, abogan por incluirlas bien cocinadas, aliñadas o integradas en un plato. Proponen hacerlo como salsas batidas enriquecidas, boloñesas, en el interior de guisos, quiches, albóndigas… En el caso del pescado, sugieren presentarlo también como una hamburguesa casera. Y, además, las expertas señalan que no hay que eliminar la pasta, “sino darle menos protagonismo y mejorar su calidad. Se puede ofrecer pasta de legumbre, que aporta más nutrientes, fibra y proteína”.
➡️ Colegio y casa, siempre de la mano
Se debe tener en cuenta que, si un alimento no forma parte de la alimentación en casa, la probabilidad de que el peque lo rechace en el comedor es muy alta. Y es que la educación nutricional es un trabajo conjunto.
De ahí la obligación por ley de que los colegios informen a todas las familias de forma clara y detallada de la planificación mensual de los menús. Pero no de cualquier forma. Esa información debe incluir, además del nombre de los platos, la técnica culinaria empleada, los tipos de salsas y guarniciones y el listado de alérgenos presentes, y respecto de los postres, la variedad de la fruta o el tipo de lácteo.
Además, en esa misma comunicación, tienen que orientar a las familias con menús adecuados para que la cena sea complementaria con la comida del mediodía, con el fin de que mantener un equilibrio durante toda la semana.
| Comida en el colegio | Sugerencia para la cena en casa |
| Arroz, pasta, patata o legumbre | Verduras u hortalizas crudas (ensaladas) o cocinadas (puré) |
| Verduras | Arroz, pasta, patata (sopa) |
| Carnes | Pescados o huevo |
| Pescados | Carne o huevo |
| Huevos | Pescado o carne |
| Proteína vegetal | Proteína vegetal |
| Fruta | Lácteo, fruta o postre vegetal |
| Lácteo | Fruta |
➡️ Mejorar el ambiente del comedor
Los comedores escolares se entienden como un servicio que debe ofrecer una comida saludable, suficiente, bien preparada y de calidad. Y todo ello, en un ambiente cuidado donde haya bastante tiempo para comer con calma, sin mucho ruido y buena climatización, como proponen desde CEAPA.
Porque sí, también estos comedores son un espacio educativo y social, donde se ayuda a “comer mejor y con más variedad”. Pero, sobre todo, contribuye a la conciliación familiar (48 %) y la socialización (39 %), según el último informe de la ONG Educo ‘Comer en el cole: alimentación, educación y equidad’, que preguntó en 2025 a más de 1.600 niñas, niños y adolescentes de entre 12 y 18 años de toda España para conocer cómo viven y valoran su experiencia en el comedor escolar.
¿Qué opinan del menú? Casi el 84 % considera que la comida es saludable y variada, pero solo un tercio la califica como buena o muy buena. No obstante, cuatro de cada diez cree que los platos no tienen buen sabor, un 27 % se queda con hambre y un tercio se queja de la temperatura o el modo de cocinado.
¿Y del espacio comedor? El ruido es uno de los principales inconvenientes: un 43,7 % lo encuentra molesto frente a un 38,3 % que lo asocia con un ambiente alegre. Y les preocupa el exceso de normas y castigos. Más de la mitad afirma que no tiene patio, si no come suficiente, y un 27 % que debe comer rápido. Aun así, valoran la figura de los monitoras, a los que les piden más paciencia, respeto y diálogo. Además, prácticamente todo el alumnado (95 %) cree que debería ser consultado —y escuchado— sobre aspectos del comedor, como su opinión sobre el menú (48 %).


