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Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología

Hay nuevos fármacos que disminuyen el riesgo cardiovascular en pacientes con fibrilación auricular

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 20 abril de 2010
fibrilación auricular es una de las arritmias más frecuentes del corazón. Las personas que la padecen pueden sufrir complicaciones, como la formación de un trombo o coágulo, y, a consecuencia de ellas, un infarto cerebral. Ignacio Fernández Lozano, responsable de la Unidad de Arritmias del Hospital Puerta de Hierro, de Madrid, y presidente de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), defiende que es imprescindible lograr un buen control de esta arritmia. Para ello, a los tratamientos actuales, que pretenden el enlentecimiento de la frecuencia cardiaca, se sumarán dos nuevos medicamentos cuyo uso se aprobará durante este año y que disminuirán el riesgo cardiovascular global en los afectados.

¿Cuáles son las consecuencias de la fibrilación auricular?

La fibrilación auricular es la arritmia sostenida más frecuente. Debido a ella, las aurículas pierden su actividad eléctrica normal, que se vuelve caótica, y el ritmo del corazón se torna arrítmico, pierde su regularidad y las aurículas no se contraen.

¿Se conocen sus causas?

«La fibrilación auricular se asocia al envejecimiento, la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaco y el colesterol»

Se asocia a la edad y al envejecimiento, y se correlaciona con los factores tóxicos del corazón: la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaco, el colesterol… Éstas pueden ser sus principales causas. Sin embargo, aunque sea más frecuente en personas mayores, también se diagnostica la fibrilación auricular primariamente eléctrica en personas de 20 a 30 años, o población no envejecida, que no tiene hipertensión arterial ni ninguno de los factores anteriores.

¿Hay diferencias por géneros?

No hay diferencias de incidencia por razón de género, pero sí cuando se analizan los diferentes factores asociados uno a uno.

¿Cuántas personas desarrollan fibrilación auricular?

El 1% de la población, una cifra que consideramos una barbaridad. Entre los ciudadanos mayores de 70 años, un 5% padece fibrilación auricular y, a partir de 80 años, entre el 10% y el 12%.

¿Cuál es el tratamiento estándar de la fibrilación auricular en la actualidad?

«Un 1% de los ciudadanos desarrolla fibrilación auricular y toma anticoagulantes orales»

El tratamiento depende del objetivo que se persiga. Pretende controlar la frecuencia cardiaca, que se asocia a un ritmo rápido (uno de los síntomas), y conseguir su enlentecimiento con fármacos que la frenan. Otra opción es no tratar la fibrilación auricular con fármacos antiarrítmicos, sino con procedimientos de ablación con catéter, que aísla zonas del corazón implicadas en la arritmia, sobre todo, en personas mayores con riesgo de formación de trombo en el corazón.

¿Son éstas las consecuencias de no controlar la fibrilación auricular?

Así es. Al no contraerse las aurículas, la sangre se estanca en ellas y aumenta el riesgo de que se forme un coágulo, se trasvase y el trombo se desplace hacia las arterias de la cabeza, una situación que provoca un infarto cerebral. Ésta es la complicación más grave de la fibrilación auricular.

Ha citado, entre los objetivos del tratamiento, el enlentecimiento de la frecuencia cardiaca o la ablación. ¿Habría alguno más?

«Conviene tomarse el pulso y, si éste es irregular, se debe consultar al médico»

Contamos con nuevos fármacos que disminuyen el riesgo cardiovascular global en pacientes con fibrilación auricular, con peligro de fallecer por insuficiencia cardiaca. Además, dos nuevos fármacos se hallan en fase de negociación con el Ministerio de Sanidad y Política Social para su uso.

¿Qué novedades aportan estos nuevos fármacos?

Son la dronedarona, un antiarrítmico que mejora el perfil de riesgo cardiovascular, y el dabigatrán, un anticoagulante oral que evita las molestias de los tratamientos anticoagulantes, como la necesidad de tener que controlar de forma periódica los niveles de coagulación. Ambos se aprobarán este año.

El uso de anticoagulantes orales, como el Sintrom®, ¿supone un problema de presión asistencial para la sanidad?

«Con los nuevos fármacos anticoagulantes, no es necesario ajustar la dosis con análisis»

Un 1% de los ciudadanos desarrollan fibrilación auricular y, en muchos casos, tienen indicado un anticoagulante oral. Son muchos pacientes que tienen que acudir una vez al mes a un hospital, o incluso más, para controlar los niveles de este fármaco.

En el caso del dabigatrán, ¿por qué no harán falta estos controles sanguíneos?

Su dosificación es más estable, tiene un efecto más predecible y no es necesario ajustar su dosis con análisis.

¿Acabará con el Sintrom®?

Probablemente, sí. O al menos lo reducirá en gran medida.

¿Cada cuánto tiempo debería revisarse una persona el corazón para que se le pueda diagnosticar si padece una arritmia e iniciar el tratamiento cuanto antes?

Depende de la edad, de los factores de riesgo o de que haya sufrido una cardiopatía previa. No obstante, conviene tomarse el pulso. Si éste es irregular, entonces se debe consultar al médico.

NUEVA ETAPA EN ANTICOAGULACIÓN

Imagen: novartis

La próxima disponibilidad de dabigatrán supondrá el inicio de una nueva etapa en anticoagulación. Hasta ahora, según informa la sección de Electrofisiología y Arritmias de la SEC, en torno a 700.000 españoles -el 75% de ellos enfermos del corazón– toman Sintrom®, un tratamiento anticoagulante oral que implica la realización periódica de análisis de sangre para controlar los niveles de anticoagulación.

En los últimos años, a raíz de la fuerte presión asistencial que ha situado al borde del colapso algunos servicios hospitalarios, diversas voces de la comunidad científica y clínica han propugnado que este control de los niveles de anticoagulación no se realice sólo en los hospitales. Se sugería como alternativa el control en los centros de atención primaria o el uso de aparatos de autoanálisis, que deberían realizar los propios pacientes en sus domicilios.

Este nuevo fármaco, dabigatrán, que no requiere este control y que podría estar disponible en España durante 2010, abre una nueva etapa en el ámbito de la anticoagulación y es posible que permita mantener el modelo actual de control desde los hospitales o bien su diversificación.


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