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José Elías García Sánchez, jefe del servicio de Microbiología del Hospital Universitario de Salamanca

La resistencia a los antibióticos es el mayor desafío al que se enfrenta la quimioterapia

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 2 marzo de 2010

José Elías García Sánchez es jefe del servicio de Microbiología del Hospital Universitario de Salamanca, una ciudad donde también ejerce como profesor titular de Microbiología y Parasitología. Por su experiencia, asegura que los microbios cuentan con mecanismos de adaptación que les permiten crecer con concentraciones de un antimicrobiano y ganar resistencia frente a los antibióticos. Afirma que estos mecanismos de resistencia son, «casi con toda probabilidad, el mayor desafío al que se enfrenta la quimioterapia». El principal inconveniente, según reconoce, es que los médicos «andamos a ciegas para descubrir qué agente responde y cuál no».

¿Se puede considerar que los microbios actúan de forma inteligente?

Los microbios disponen de mecanismos de adaptación que han evolucionado y son muy eficaces. Tanto, que desafían a la propia inteligencia humana. Hoy en día, los mecanismos de resistencia a los antibióticos son, casi con toda probabilidad, el mayor desafío al que se enfrenta la quimioterapia.

¿Cómo se define la resistencia de los microbios a los antibióticos?

Es la capacidad que adquiere un agente infeccioso para crecer con concentraciones de un antimicrobiano que antes lo inhibía de forma natural. Esta circunstancia obliga a que el terapeuta deba emplear dosis mayores, cambiar de antimicrobiano o combinar dos o más antibióticos.

¿Los tratamientos se asemejan a un juego de estrategia?

Lo serían si no fuese por las complicaciones que este hecho acarrea en la clínica, su papel en la evolución de las infecciones, la manera en que condiciona los tratamientos o su variabilidad genética.

Cuando un microbio se vuelve resistente, ¿ocurre lo mismo con los microbios que se formen a partir de él?

«Las resistencias comportan una mayor duración del cuadro infeccioso y un aumento de costes debido a los nuevos tratamientos»

La resistencia se transmite por herencia, por mutaciones de genes extra-cromosómicos. Los microbios destacan por una gran promiscuidad genética y, de manera continua, llevan a cabo mecanismos de conjugación, transformación, transducción e integración de genes en los que aparecen implicados diferentes elementos genéticos (transposones, integrones o casetes de genes, entre otros). Hay resistencias cruzadas y no cruzadas, además de multirresistencias, es decir, microorganismos resistentes a varios antibióticos que antes eran capaces de inhibirlos.

¿Cómo responden los terapeutas ante esta situación?

Con quimioterapia o con la asociación de distintos fármacos.

¿Pero el uso de la quimioterapia no se centra en la lucha contra los tumores?

La quimioterapia se emplea, en un sentido estricto, tanto en células tumorales como en agentes infecciosos y parasitarios, virus, bacterias, hongos, protozoos, helmintos o artrópodos. Con las resistencias, surge un inconveniente: andamos a ciegas para descubrir qué agente responde y cuál no. Para evitar esta situación, los microbiólogos censamos a los agentes resistentes en nuestro medio y alertamos a los médicos.

De todos modos, en el arsenal terapéutico hay muchas clases de antibióticos.

«Ningún antibiótico es inmune a la evolución de las resistencias de los microorganismos patógenos»

Es cierto, lo malo es que en pacientes graves tenemos pocas posibilidades para los ensayos. Hablamos de pacientes que morirán si no se descubre el antibiótico oportuno. Las resistencias también comportan una mayor duración del cuadro infeccioso y un aumento de costes, tanto por los nuevos tratamientos como por el gasto en conceptos sanitarios, sociales y laborales.

¿Destacaría alguna historia reciente de resistencia?

Son frecuentes «Escherichia coli«, que se ha vuelto resistente a ampicilina o ciprofloxacino, «Streptococcus pneumoniae» y «Streptococcus pyogenes», inmune a penicilina. Pero la resistencia más estelar, la más complicada, es la de «Staphylococcus aureus» a meticilina.

Las investigaciones sugieren utilizar «integrones». ¿En qué consisten?

Los integrones favorecen la diseminación de la resistencia mediante procesos de transferencia genética. Son estructuras genéticas móviles que integran la información de uno o varios genes resistentes a los antimicrobianos y facilitan su diseminación.

¿Sin antibióticos no habría resistencias?

Siempre ha habido resistencias, incluso antes de que Alexander Fleming descubriera la penicilina. Hace miles de años que las bacterias superan dificultades en el ciclo de la evolución. La resistencia, debida tanto a una presión natural como a una presión selectiva, en el caso de los antibióticos, es una prueba fehaciente de que Charles Darwing no anduvo equivocado: la selección natural es un hecho incontrovertible. En consecuencia, ningún antibiótico está a salvo, ninguno es inmune a la evolución de las resistencias.

En ese caso, ¿cómo se pueden evitar las resistencias?

Hay que evitar un exacerbado consumo de antibióticos por automedicación y aguardar a que el terapeuta paute el tratamiento y/o la profilaxis correcta, nunca se deben administrar antibióticos innecesarios o dosis abusivas. Un error que se siguió durante demasiado tiempo -ahora está prohibido- fue la utilización de antibióticos en dosis masivas para que los animales de granja engordaran. De esta forma, toneladas de antibióticos circunscritos a infecciones muy precisas pasaron a formar parte del medio ambiente e hicieron un flaco favor a nuestra lucha particular contra los microbios resistentes.

¿Cómo consigue una resistencia vencer el efecto de un antibiótico?

«Para disminuir las resistencias, hay que evitar el exacerbado consumo de antibióticos por automedicación»

Dispone de varios mecanismos, como la liberación de toxinas o detoxificación del antibiótico, que impide que su toxicidad afecte a la bacteria. Por su parte, la contención imposibilita que el antibiótico alcance una concentración intracelular crítica para el microorganismo, mientras que la resistencia puede volverse impermeable a la sustancia antibiótica o eliminar el agente antibiótico tan pronto como aparece.

¿Cuánto tiempo requiere para ello?

La resistencia es casi siempre más rápida que nuestra maniobrabilidad para combatirla. Puede ser previa al tratamiento u originarse, incluso, en el transcurso de la misma terapia. Los médicos fallamos, en no pocas ocasiones, al estimar de forma incorrecta la sensibilidad con puntos de corte elevados, debido al inicio de una sepsis -infección generalizada- cuando aparecen más microbios de los que podemos tratar con el antibiótico, por circunstancias del huésped (persona o animal infectado), por infecciones mixtas o por desconocer la farmacoterapia.

Por lo tanto, no basta con conocer qué microbios se tratan, sino con qué antibióticos se cuenta.

Es preciso conocer las características del agente empleado, sus efectos secundarios -que en más de una ocasión obligan a suspender el tratamiento- y aprender que no todos los antibióticos son iguales y que ninguno es perfecto. Es más, en ocasiones, un antibiótico antiguo resulta más eficaz que uno nuevo, como una penicilina antiestafilocócica, que funciona mejor que una vancomicina en el caso de un «S. aureus» sensible a la meticilina (MRSA).

¿Qué ocurre cuando ningún agente funciona?

Entonces debemos hacer caso a la máxima de Aulio Cornelio Celso, médico romano del primer siglo de nuestra era: «Ubi pus, ibi evacua». Es frecuente la evacuación de abscesos o la retirada de prótesis y catéteres. La cirugía ocupa un lugar preponderante en el tratamiento de muchas infecciones.

DEL LABORATORIO A LA GRAN PANTALLA

Imagen: Sheep purple

En la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanda, José Elías García Sánchez imparte dos curiosas asignaturas: «Enfermedades infecciosas y microbiología en el cine» y «Medicina y cine». Su experiencia en este campo se completa con la dirección de la «Revista de Medicina y Cine». Asegura que ha identificado ya un millar de películas que guardan relación con la medicina. «A veces, la imagen de un buen director resume el capítulo de un libro», comenta. La valoración de estos cursos por parte de los estudiantes ha sido muy positiva. «Incluso uno decidió estudiar microbiología después de haber visto ‘La tragedia de Louis Pasteur’, una película de 1936 premiada con un Oscar, que narra la vida de este científico y el nacimiento de la antibioticoterapia». El éxito conseguido con estas asignaturas tiene su extensión en un libro, también editado por la Universidad de Salamanca, sobre las infecciones y el cine.

García Sánchez recuerda que en España todavía se considera a las películas como objetos de mero espectáculo, a pesar de que en otros países, como Reino Unido, se recurre al cine desde hace tiempo como un instrumento educativo. «Después de muchos años de trabajo y de ver cientos de cintas con otros ojos, me fijé en los detalles médicos y constaté que muchas películas exploran la utilización correcta o el abuso de agentes antimicrobianos y, en general, se han planteado muy bien desde el punto de vista médico».

En «Memorias de África» (1985), de Sydney Pollack, la novelista Karen Dinesen regresa a su Dinamarca natal para recibir salvarsán y curarse de sífilis. Otra cinta más controvertida, «Miss Evers Boys» (1997), recoge los experimentos sobre sífilis realizados por el Gobierno de EE.UU. en la población afroamericana, que dio pie a un gran debate público sobre la ética de esta práctica.


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