Analgésicos y antiinflamatorios: los fármacos que más se toman sin receta
Dentro de los medicamentos sin receta, los analgésicos y los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) son, con diferencia, los más consumidos. El paracetamol se emplea para aliviar el dolor leve y reducir la fiebre, mientras que fármacos como el ibuprofeno, la aspirina o el naproxeno —todos ellos AINE— actúan frente al dolor, la inflamación y la temperatura elevada. Cefaleas, molestias musculares, síntomas de resfriado o dolor menstrual figuran entre los motivos más habituales de uso.

El informe ‘STADA Health Report 2023‘ confirma hasta qué punto estos fármacos forman parte de la rutina diaria: la mitad de los europeos —y el 51 % de los españoles— los toma al menos una vez al mes; un 18 % los consume semanalmente y un 7 % a diario. Entre las mujeres, esta última cifra se dispara hasta el 55 %, con picos especialmente marcados entre los 18 y los 24 años y entre los 26 y los 40 años.
El ‘VII Estudio de Salud y Estilo de Vida’ de Aegon refuerza esta tendencia: entre los españoles que se automedican (38,6 %), los analgésicos y antiinflamatorios son los más utilizados, con cifras que oscilan entre el 72,5 % y el 80,5 %. Las mujeres lideran el consumo (75,4 %), especialmente entre los 41 y los 55 años (80,5 %). Además, el uso de antiinflamatorios es ligeramente superior entre quienes no trabajan (74,4 %) frente a quienes sí lo hacen (67,7 %).
Antibióticos: los hombres jóvenes lideran el consumo sin receta
En España, los antibióticos solo pueden dispensarse con receta. Aun así, su uso sin supervisión médica sigue siendo habitual. De acuerdo con el estudio, aproximadamente el 21,6 % de los hombres los consume sin prescripción, frente al 14,6 % de las mujeres. El porcentaje alcanza su máximo entre los 26 y los 40 años (25,5 %), un perfil que suele corresponder a adultos jóvenes, laboralmente activos y con nivel educativo medio-alto.
Muchos recurren a “sobras” de tratamientos anteriores o los adquieren por su cuenta, porque “ya les funcionaron” en el pasado, especialmente ante infecciones respiratorias leves que, en la mayoría de los casos, no requieren antibióticos.
La evidencia internacional apunta en la misma dirección. Estudios publicados en Antibiotics y Journal of Global Antimicrobial Resistance muestran que la automedicación con estos fármacos es más frecuente en personas jóvenes y activas, que los utilizan para tratar síntomas inespecíficos o cuadros virales. En estos casos, además de ser ineficaces, contribuyen al avance de la resistencia antimicrobiana.

Ansiolíticos y antidepresivos: aumenta el uso entre los hombres
Los psicofármacos —ansiolíticos como el lorazepam o el alprazolam, y antidepresivos como la sertralina— no lideran la automedicación, pero su aumento preocupa a los especialistas por el riesgo de dependencia, efectos adversos y sobredosificación.
De acuerdo con el estudio de Aegon, un 22,3 % de la población tomó estos fármacos sin supervisión médica el pasado año, frente al 18,2 % registrado en 2024. Los niveles más altos se concentran entre los 26 y los 40 años, y también destaca el grupo de 18 a 25, donde el uso sin receta alcanza el 24,7 %.
El patrón coincide con lo que describen psiquiatras y sociedades científicas: la automedicación se da en adultos en edad laboral, sometidos a estrés o malestar emocional, que reutilizan tratamientos previos sin volver a la consulta.
Aunque el consumo sigue siendo mayor en mujeres —España figura entre los países europeos con mayor uso de ansiolíticos, según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)—, se observa un repunte importante entre los varones. Los expertos lo atribuyen a la normalización de estos fármacos tras la pandemia, a las dificultades para acceder a atención psicológica y a las reticencias de muchos hombres a pedir ayuda profesional.
¿Por qué nos automedicamos cada vez más?
El aumento de la automedicación no es algo casual. Responde a una combinación de factores que van desde la mayor disponibilidad de fármacos sin receta hasta la saturación del sistema sanitario y una cultura de la inmediatez que empuja a buscar alivio rápido, sin olvidar la avalancha de consejos que circulan por redes sociales. El resultado es un hábito cada vez más normalizado.

Estas son las principales causas:
💊 Acceso inmediato y cómodo a los medicamentos
España tiene muchísimas farmacias, más que la mayoría de los países europeos, gran parte con horarios ampliados o servicio 24 horas. A ello se suman las ventas online reguladas por la AEMPS y los botiquines domésticos, repletos de restos de tratamientos anteriores. Esta disponibilidad casi permanente de medicinas, unida a la percepción de que ciertos fármacos son “inofensivos”, favorece que se recurra a ellos sin consultar al médico, advierten los expertos.
💊 La cultura del “analgésico y el antiinflamatorio para todo”
Buena parte de quienes se automedican lo hacen porque consideran que sus síntomas “no son graves” o porque creen que “ya saben” lo que les funciona bien. Esa normalización ha convertido al analgésico y al antiinflamatorio, especialmente, en la respuesta automática ante cualquier molestia leve.
💊 Saturación del sistema sanitario y falta de tiempo
La dificultad para conseguir cita con el médico —listas de espera, agendas saturadas, incompatibilidad con horarios laborales— aparece de forma recurrente entre quienes optan por tratarse por su cuenta, sobre todo para dolores, infecciones leves o síntomas respiratorios aparentemente “ya conocidos”.
💊 Consejos de influencers y el efecto “doctor Google”
La capacidad de persuasión de famosos e influencers en la automedicación sigue siendo minoritaria, pero aumenta cada año. Según el estudio de Aegon, el porcentaje de personas que ignoran sus consejos bajó del 57,7 % en 2021 al 36,5 % en 2025, lo que significa que ahora un 63,5 % sí se deja guiar por ellos. Los suplementos vitamínicos son los productos donde más impacto tienen, seguidos de los destinados a tratar resfriados o infecciones leves. El pasado año, los remedios caseros para la gripe superaron a los de los cosméticos, que antes eran los más populares.
A este fenómeno se suma el llamado “efecto doctor Google”: la búsqueda compulsiva de síntomas y soluciones rápidas en Internet. Los profesionales sanitarios advierten que estas consultas, basadas en información incompleta o errónea, refuerzan la idea de que uno puede autodiagnosticarse y automedicarse sin riesgo. En muchos casos, los vídeos virales de TikTok o YouTube actúan como una falsa validación que sustituye a la consulta médica.


