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¿Vuelta a la normalidad? Con estos consejos sabrás cómo recuperar algunas rutinas

En tu vuelta al trabajo, el cole, los reencuentros, las compras... ¿sabes cómo actuar? Ante la incertidumbre, puedes seguir los consejos que te dan dos expertas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 4 junio de 2020
coronovarirys psicologia entorno social Imagen: vperemencom

La huella psicólogica que nos ha dejado la pandemia marcará nuestras relaciones con nuestra familia. Pero también tras el confinamiento, con la vuelta a la normalidad, nuestras rutinas en las compras, en las relaciones con los compañeros de trabajo o de estudios o con nuestro entorno habrán cambiado. ¿O no? Los siguientes consejos de la psicóloga educativa Silvia Álava y la neuropsicóloga Elisabet Marina Sanz pueden orientarnos en cómo afrontar nuestros comportamientos sociales.

Gastar, comprar, consumir… ¿Cigarras u hormigas?

Durante el aislamiento hemos estado surtidos de los productos básicos: alimentación, higiene, limpieza…, pero alejados de todo lo que no fuera necesario. Una situación paradójica, ya que, en situaciones de estrés emocional, las compras pueden suponer una vía de escape que no ha sido posible durante esta crisis. Eso puede provocar en nosotros un cierto afán de desquite, un comprar para olvidar, porque, explica la neuropsicóloga y profesora de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Europea de Madrid Elisabet Marina Sanz, “vamos a querer activar centros del placer, del disfrute. Es fácil pensar que necesitamos una recompensa tras tanto tiempo de esfuerzo”. Según ella, esto se verá especialmente en quienes no han salido damnificados desde el punto de vista económico; van a consumir, en ocasiones de manera tal vez excesiva. Es un consumo muy emocional.

Al tiempo, también es posible que, ante la incertidumbre del futuro económico, sintamos miedo de gastar y nos obsesionemos con el ahorro. Por ejemplo, no compraremos un coche: según la consultora MSI, las ventas de vehículos en España descenderán casi un 30 % en 2020.

  • Qué podemos hacer. Si hemos salido penalizados económicamente —desde un ERTE al cierre de la empresa o la reducción de clientes—, deberemos mantener una actitud adaptativa. Se trata de entender que este periodo va a ser temporal y nos va a permitir desarrollar competencias que necesitamos, como la flexibilidad o la adaptación al cambio. Puede ser el momento de hacer una reflexión sobre el consumo responsable y plantearnos que, igual que hemos vivido con muy pocas cosas durante el aislamiento, podemos seguir así algún tiempo más. Esta crisis puede servirnos para discernir lo superfluo de lo necesario.

Cómo relacionarse con los demás

Al comienzo de la cuarentena era frecuente que nos dijéramos lo mucho que nos íbamos a besar y abrazar cuando finalizara el aislamiento. Con el tiempo, comprendimos que no habría un día cero en el que todo volvería a ser como antes. Tenemos el ejemplo de lo sucedido en China: varias semanas después de regresar al trabajo, la alerta continúa y con ella los nuevos comportamientos, como la distancia social de dos metros –aun cuando ya no sea obligatoria–, las mascarillas omnipresentes y la desconfianza.

  • Qué podemos hacer. Saber esperar. Es inevitable un periodo de adaptación, de aclimatación, y tendremos que aceptar que, durante algún tiempo, seguiremos sintiendo aprensión ante el contacto físico. Pero podemos aprovechar otro aspecto de nuestra relación con los demás: todos hemos vivido ejemplos de solidaridad, como la ayuda altruista hacia los mayores por parte de los más jóvenes, la inquietud por el estado de salud de conocidos con los que habíamos perdido el contacto… Estas nuevas formas de reencontrarnos pueden ser tan satisfactorias como un abrazo.

Para interactuar a diario de nuevo

Por una vez, la vuelta al trabajo puede representar la antítesis al famoso síndrome postvacacional. Igual que los más jóvenes pueden encontrar disfrute en el regreso al colegio o instituto, al reencontrarse con los compañeros de clase, también los adultos podemos vivir sentimientos de ilusión en la oficina, el despacho o el taller. Pero, una vez más, no será igual para todos: quienes tengan un mal ambiente laboral y hayan disfrutado de este periodo de teletrabajo —o incluso del ERTE—, pueden ahora sufrir un impacto mayor que el del síndrome postvacacional.

  • Qué podemos hacer. Aun cuando nos pueda costar trabajo pensar en positivo, es de esperar que muchas cosas habrán cambiado en las estructuras empresariales. Es el momento de centrarse en los aspectos positivos de nuestra vida laboral y lo que la acompaña: el compañerismo, los valores humanos y la relación con los demás.

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