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Anomalías cardiacas en recién nacidos

Los suplementos de ácido fólico podrían ser útiles para prevenir la aparición de cardiopatías congénitas, según un nuevo estudio

En España nacen al año 5.000 niños con algún tipo de cardiopatía. El ácido fólico, hasta ahora utilizado para la prevención de malformaciones en el sistema nervioso, puede ser útil también para prevenir las anomalías cardiacas congénitas. Otra buena noticia es que los recién nacidos con determinados defectos cardíacos congénitos podrían recibir algún día nuevas válvulas construidas con sus propias células madre, extraídas del cordón umbilical.

El ácido fólico desempeña un papel protector en la aparición de algunas malformaciones del sistema nervioso, de ahí las recomendaciones de los especialistas en el embarazo y la lactancia. Ahora, un trabajo presentado en la reciente Reunión Anual de la Asociación Americana del Corazón apunta a que también reduce el riesgo de cardiopatías congénitas. En el estudio, realizado en la Universidad de Radboud, en Holanda, se revisaron los datos de las madres y de los niños nacidos con malformaciones cardíacas desde 1996 hasta 2005.

Se excluyeron las cardiopatías provocadas por anomalías genéticas, y los datos de este grupo se compararon con otro de madres con niños con defectos cromosómicos o con malformaciones congénitas de otro tipo.

Papel del ácido fólico

En la citada investigación se constató que las madres que consumieron la cantidad adecuada de ácido fólico en el periodo próximo al embarazo registraron un 18% menos de probabilidades de tener un hijo con cardiopatía congénita. Un análisis más detallado mostró que los suplementos de ácido fólico son especialmente efectivos en la prevención de los defectos septales (orificio en la pared -septum- que separa el lado izquierdo y el lado derecho del corazón) y de las anomalías conotruncales (que afectan a la formación de los tractos de salida).

Consumir el ácido fólico adecuado disminuye en un 18% las probabilidades de tener un hijo con cardiopatía congénita

Está demostrado que el ácido fólico juega un papel importante en la prevención de algunas malformaciones congénitas del tubo neural, graves anomalías que se producen como consecuencia de alteraciones en el cierre del mismo. Éstas se producen durante las primeras semanas del embarazo y pueden aparecer a nivel cerebral (dando lugar a anencefalia o encefalocele) o de la columna vertebral (espina bífida). La anencefalia es la ausencia total o parcial del cerebro, incluido el cráneo, y el encefalocele es la herniación del cerebro y las meninges por un defecto en el cráneo. Ambas malformaciones son incompatibles con la vida.

En la espina bífida se produce una hendidura a la altura de la columna vertebral que puede ir acompañada de un prolapso de las meninges, membranas que protegen los órganos del sistema nervioso central (cerebro y medula espinal), lo que se conoce por meningocele o mielomeningocele. El mielomeningocele es la forma de presentación más grave ya que se asocia a diversos grados de parálisis así como a la pérdida del control de los esfínteres.

El ácido fólico es, por tanto, una vitamina que interviene en la síntesis de proteínas y de ADN. Durante el embarazo se incrementan las necesidades maternas de esta vitamina, sobre todo en los primeros meses de la gestación, y existe clara evidencia de que con la ingesta diaria de una dosis de 400 microgramos (ó 0,4 mg) de ácido fólico desde un mes antes de la concepción hasta el final del primer trimestre del embarazo se previenen estas graves malformaciones.

Nuevas válvulas con células madre

Los niños que nacen con válvulas cardíacas defectuosas que no pueden ser reparadas necesitan un recambio valvular. Hasta ahora se puede optar por recibir una prótesis mecánica, un injerto de un donante o bien una válvula procedente de tejido animal. Sin embargo, estas nuevas válvulas no siguen el desarrollo normal del niño, por lo que deben ser sustituidas más adelante. Por este motivo, la ingeniería tisular está intentando aportar soluciones a este problema: un grupo de investigadores de la Universidad alemana de Munich ha desarrollado válvulas cardiacas infantiles a partir de células madre derivadas de cordón umbilical.

Las células se introdujeron en ocho válvulas cardiacas, hechas con material biodegradable, y se cultivaron en laboratorio. Crecieron formando una capa de tejido y produciendo elementos importantes de la matriz extracelular, que son esenciales para la estructura del tejido. Y se constató la existencia de colágeno, glicosaminoglicano y elastina así como elementos que se hallan normalmente en los tejidos cardiovasculares. Esto indica que las células madres se habían diferenciado dando lugar a este tejido concreto.

No obstante, quedan todavía cuestiones a resolver, antes de que pueda aplicarse a la práctica diaria, como cuál es el material de soporte más adecuado para la estructura y analizar si estas válvulas que han "nacido" en el laboratorio funcionan cuando se implantan en el corazón. Sin embargo, los investigadores apuestan por el futuro: Ralf Sodian, cirujano cardíaco y autor principal del estudio, asegura que esta creación de tejido proporciona la posibilidad de tener un sustituto ideal de válvula cardiaca duradera a lo largo de la vida del paciente y que tiene el potencial de crecer y cambiar su forma según sea necesario.

CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS

Se estima que ocho de cada 1.000 recién nacidos lo hacen con alguna anomalía cardíaca.
Las cardiopatías congénitas son alteraciones anatómicas que pueden producirse en las cámaras cardíacas (aurículas y ventrículos), en los tabiques que las separan (septum), en las válvulas o los grandes vasos que entran o salen del corazón (conotruncales). Hay más de 50 tipos distintos de lesiones y con frecuencia se combinan varias de ellas en un mismo niño, como en el caso de la tetralogía de Fallot, en la que aparecen cuatro lesiones distintas.

La comunicación interventricular, tetralogía de Fallot, ductus, comunicación interauricular, coartación de aorta y la transposición de grandes arterias se encuentran entre las más frecuentes. Pero no todas las lesiones revisten la misma gravedad; mientras que algunas conllevan alteraciones circulatorias importantes que pueden comprometer la vida, otras sólo producen síntomas ocasionales relacionados con la actividad física. En la actualidad, la detección de las cardiopatías es muy precoz, de forma que no se demora el tratamiento correspondiente.

A pesar de que a partir de la sexta semana de embarazo el corazón del feto se encuentra ya desarrollado, no siempre son detectables antes del nacimiento, bien porque no son evidentes o porque por su levedad no pueden apreciarse, manifestándose más tarde. Dentro de los factores que predisponen a tener un hijo con cardiopatía se sabe que la edad de los padres es uno de ellos (padres de edad inferior a 18 y superior a 35 años). Asimismo, el riesgo aumenta si ha habido algún caso en la familia o si el niño tiene alguna anomalía cromosómica, como en el síndrome de Down que se asocia a cardiopatías congénitas.

El alcoholismo materno, enfermedades como la diabetes, así como la ingesta de drogas y ciertos medicamentos durante el embarazo también incrementan el riesgo.

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