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La importancia del buen control de la glucemia en diabetes

Cuando se padece diabetes, la combinación de ejercicio y dieta equilibrada controla el peso, aumenta la actividad cardiovascular y ayuda a reducir la glucemia

La diabetes mellitus afecta a 366 millones de personas en todo el mundo y se calcula que cada siete segundos fallece una persona por su causa. Son datos presentados en el último congreso de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), que se ha celebrado este mes de septiembre en Lisboa (Portugal). Se prevé que esta cifra pueda aumentar hasta los 500 millones en tan solo una generación. La gran mayoría sufre el tipo 2, relacionado con una alimentación inadecuada, obesidad y falta de ejercicio. Los expertos insisten en que es fundamental cumplir a rajatabla ciertos hábitos para evitar que a largo plazo la enfermedad provoque efectos secundarios no deseados, como las infecciones o úlceras en la piel.

Imagen: Rotorhead
Un estudio pionero en su campo llevado a cabo por investigadores del Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR) y el CIBER de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM) ha mostrado la relación entre la baja actividad de absorción de los macrófagos (células de defensa del organismo) y el mal control de la glucosa de los pacientes con diabetes tipo 2. El hallazgo, publicado en la revista "PLoS ONE", podría explicar la mayor susceptibilidad de los diabéticos a sufrir todo tipo de infecciones, como las registradas en los pies o las contagiadas durante un ingreso hospitalario, aunque las causas se desconocen con exactitud. Muchas se denominan "oportunistas" por la capacidad de infección de los gérmenes que, en condiciones normales, no las provocarían.

La clave podría estar en los macrófagos, un tipo de células sanguíneas que juegan un papel fundamental en la inmunidad innata de los organismos y que contribuyen al control de las infecciones. Los resultados fueron claros: ante un mal control de la glucemia, la actividad de los macrófagos es escasa. Por el contrario, cuando los pacientes tienen unos niveles de glucemia adecuados, los macrófagos recuperan su papel de defensa.

Infecciones comunes

Para disminuir la prevalencia de la enfermedad, hay que corregir los hábitos relacionados con dieta, ejercicio y consumo de tabaco y alcohol

En la diabetes tipo 2 es vital el cuidado de los pies. Los niveles altos de azúcar en sangre (glucemia) pueden dañar los vasos sanguíneos que transportan el oxígeno y los nutrientes hasta esta zona del cuerpo. Esto puede provocar neuropatía, mala circulación, infecciones y deformidades. Para prevenir estas lesiones, deben revisarse y cuidarse cada día, además de tener en cuenta estos síntomas: disminución del dolor o de la sensibilidad en el pie o la pierna, cortes o grietas en la piel, uñas encarnadas, cambios en la forma, callos y durezas.

Se recomienda llevar zapatos cómodos, lavarse los pies a diario con jabón y agua tibia, y cortarse las uñas rectas y no demasiado cortas. Ante su desarrollo, se recomienda acudir al médico. Aparte de las úlceras en los pies, los afectados también son más propensos a sufrir neumonías y complicaciones ante algunos procesos: un diabético multiplica por cuatro el riesgo de ingreso en la UCI por complicaciones durante una estancia hospitalaria. El desarrollo de infecciones es frecuente y puede poner en riesgo la vida del paciente. En ocasiones, ante patología grave, es una prioridad normalizar los niveles de glucemia.

Dieta, ejercicio y control

En la diabetes tipo 2, el objetivo a corto plazo es controlar los niveles altos de glucemia, mientras que a largo plazo es prevenir los problemas asociados a la enfermedad. Para ello es imprescindible la combinación de ejercicio y dieta. Es importante conocer qué cantidad de grasa, proteína y carbohidratos son necesarios, además de realizar actividad física de forma regular, perfecto para controlar el peso, aumentar la actividad cardiovascular y reducir los niveles glucemia, de forma natural. Se logra el objetivo primero sin necesidad de medicamentos.

Según datos de la Sociedad Española de Cardiología, una sesión debería oscilar entre 10 y 20 minutos de estiramiento y de fuerza muscular, 5 minutos de calentamiento aeróbico (carrera suave), de 15 a 60 minutos de ejercicio aeróbico a una intensidad apropiada y de 5 a 10 minutos de actividad de baja intensidad. Los deportes más recomendables son caminar, correr y montar en bicicleta, pero siempre hay que tener en cuenta el historial médico del paciente, llevar un registro de entrenamiento y consultar con el especialista antes de empezar.

Además de la alimentación y la actividad física, hay otros elementos que el paciente con diabetes tipo 2 debe conocer para un buen control de la enfermedad: cómo evaluar y registrar la glucemia (cómo hacerlo y con qué dispositivos), cómo tomar los medicamentos (si se necesitan), cómo reconocer y tratar los niveles altos y bajos de glucemia, cuándo se está enfermo, dónde comprar los suministros y cómo almacenarlos. Junto con esto, hay que mantenerse actualizado ante cualquier avance sobre el tema.

¿QUÉ HÁBITOS DEBEN CAMBIARSE?

La modificación de los estilos de vida reduce en un 80% el riesgo de desarrollo de diabetes. Lo aseguran investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de EE.UU. en uno de los estudios recientes más multitudinarios sobre el tema y que ha analizado los hábitos de vida de 114.996 hombres y 92.483 mujeres durante 10 años. Los resultados apuntan que las mujeres con sobrepeso tenían un 78% más de riesgo de diabetes que quienes tenían un peso adecuado. En hombres, era del 70%.

Por el contrario, practicar ejercicio y seguir una dieta equilibrada reducía el riesgo de enfermedad en un 25%. Igual sucedía con no fumar, que limitaba las posibilidades de sufrir la enfermedad en un 30%. Pero parece que las cifras no terminan de calar en la sociedad española. El número de enfermos no cesa de aumentar, tanto en niños como en adultos, y no hay indicios de que la tendencia se vaya a revertir. Según los expertos, los hábitos que es necesario corregir son los relacionados con dieta, actividad física y consumo de tabaco y alcohol.

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