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Francisco Ojuelos, abogado experto en Derecho Alimentario

La legislación actual falla, sobre todo, en la publicidad dirigida a los niños

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 17 diciembre de 2018
La seguridad alimentaria vive un momento de esplendor: los alimentos que comemos hoy son más seguros que nunca. Pero ¿son saludables? Los productos ultraprocesados que tanto lugar ocupan en nuestra cesta de la compra son, muchas veces, responsables del aumento del sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades asociadas, como la diabetes tipo 2. ¿Cómo se regula la promoción y venta de estos alimentos, cuyo impacto en la salud comienza a verse al cabo de los años? Estas y otras preguntas se hizo el abogado Francisco José Ojuelos antes de empezar a escribir 'El Derecho de la Nutrición' (ed. Amarante), un libro que explora los límites y las posibilidades legales para proteger la salud de los consumidores ante la avalancha física, pero también publicitaria, de alimentos insanos. Experto en Derecho Alimentario y autor de numerosas publicaciones académicas y periodísticas, Ojuelos propone tres ejes para mejorar: regular la publicidad (sobre todo, la que se dirige a los niños), incorporar a los dietistas-nutricionistas en el Sistema Nacional de Salud y ofrecer información veraz para que los consumidores podamos elegir con libertad real, sabiendo lo que compramos.

En ‘El Derecho de la Nutrición’ plantea que para elegir con libertad es necesario conocer realmente entre qué y qué se está escogiendo. ¿A los consumidores nos falta información sobre alimentación saludable?

Nos falta mucha. No paro de poner el mismo ejemplo: ¿sabemos los consumidores cuándo un alimento tiene mucha sal? ¿Sabemos cuánto azúcar de media tienen los «cereales de desayuno»? Son algunas de las infinitas preguntas que yo mismo no sabía contestar antes de interesarme, primero, y tener acceso, más tarde, a información fiable en nutrición. Mientras no sepamos muchísimo más de lo que sabemos ahora, la Administración pública ha de protegernos de la publicidad directa y de la enmascarada.

¿Qué papel desempeña la industria alimentaria en esa desinformación? ¿Nos confunde con su publicidad y sus campañas de marketing?

«Son acciones publicitarias ilegales cuando el producto tiene un perfil insano»Si la normativa prohíbe hacer publicidad de efectos saludables en el alcohol, por la certeza de sus riesgos, ¿cómo es posible que constantemente se vea a profesionales sanitarios promocionándolo en medios de todo tipo? Hace poco se ha sabido a ciencia cierta que determinadas marcas de refrescos llevaban años pagando a científicos para que desviaran el foco de los efectos nocivos del azúcar. Si la publicidad no fuera efectiva, no habría un 88 % de incumplimientos acreditados del Código PAOS, como es el caso. Es decir: hay una industria leal y otra que no lo es. La publicidad leal no es el problema.

¿Y qué hay de la legalidad? Al ver la promoción de productos como bollería «con hierro», yogures azucarados «con bífidus» o alimentos hipercalóricos «sin grasas trans», da la sensación de que las campañas publicitarias se incardinan en esa delgada línea que separa lo legal de lo ilegal. ¿Es así?

Son acciones publicitarias ilegales cuando el producto tiene un perfil insano, algo que ocurre en los tres casos que has citado, a mi criterio. Está justificado en el libro. El problema es que la ilegalidad es imputable a la Comisión Europea, que incumple el artículo 4 del Reglamento 1924/2006.

¿Cómo?

La Comisión incumple para beneficio de aquellos que la presionan para que mantenga el statu quo. Que algo sea ilegal no significa siempre que el beneficiario de la ilegalidad sea el infractor. Que alguien me justifique si es aceptable lo del artículo 4 del Reglamento 1924. Llevo esperando años.

Su libro destaca que hoy en día se comercializan alimentos que son seguros y, a la vez, malsanos. ¿La legislación es insuficiente o no se aplica la que ya existe?

«Con que los alimentos malsanos no pudieran presentarse como sanos y prohibiendo la publicidad de estos alimentos dirigidos a los niños avanzaríamos mucho»No se aplica. Ese es el principal problema. El sobrepeso y la obesidad se asocian a las clases más humildes, sobre todo, y eso impide que ciertos agentes se tomen en serio el problema. Constantemente se dice que el Código PAOS, por ejemplo, es autorregulación. Pero es que el Código PAOS es una respuesta hábil a un mandato legal, el del artículo 46 de la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Hay muchos otros casos de incumplimientos groseros. Todo es mejorable, pero en este caso tenemos a la Administración pública sorda, ciega y muda. Venimos de un contexto de hace unas décadas donde el problema era poder comer y, después, poder hacerlo sin intoxicarnos o envenenarnos. De ahí el derecho alimentario que tenemos.

En el libro hay un tema muy relevante: el tiempo. Está muy controlado todo lo que nos pueda hacer daño a corto plazo (la toxicidad de unas setas o el anisakis), pero hay laxitud con productos cuyos efectos perjudiciales se ven a largo plazo. ¿Es posible crear una legislación eficaz cuando los efectos nocivos se perciben al cabo de 10, 15 o 20 años?

La tenemos, creo, pero no la hemos aplicado. Simplemente con que los alimentos malsanos no pudieran presentarse como sanos y prohibiendo la publicidad de estos alimentos dirigidos a los niños avanzaríamos mucho. El paso siguiente es favorecer con políticas fiscales de incentivo y desincentivo (impuestos) un reparto equitativo de los costes sanitarios asociados al tratamiento del sobrepeso y la obesidad y las patologías asociadas. 

¿En qué áreas falla más la legislación actual?

En la publicidad a los niños. Es la parte más importante, donde más grosero resulta el argumento de la libertad. Si los peques no saben discernir hasta cierta edad cuando un mensaje publicitario es veraz, la publicidad no debería dirigirse a ellos. Con un Código PAOS que es una bicoca, resulta bochornoso que en 2017 hayamos tenido un nivel de incumplimiento del 88 %. ¿Por qué este trato de favor para con la industria desleal?

¿Qué otros actores influyen en esta situación? ¿Los «charlatanes nutricionales» inciden también en nuestras dudas como consumidores?

Mi opinión es que aprovechan el río revuelto. El desprestigio que a las profesiones sanitarias trae la discrepancia desleal (pienso en la homeopatía, por ejemplo, o en los «efectos saludables del vino») invita a unirse a la fiesta a intrusos y charlatanes. Todo suma en perjuicio de la salud pública.

El Nutri-Score ha levantado gran revuelo: se ha celebrado, denostado, criticado parcialmente, se ha dicho que confunde, que es insuficiente, que mejor eso que nada… ¿Cuál es su opinión?

Es bueno que se intente hacer algo, porque eso es el reconocimiento de que la situación no es buena. Mi opinión es que sería un buen comienzo para acostumbrarnos al futuro sistema de perfiles, si la implantación se hace con una serie de precauciones, del tipo de las señaladas por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS).

¿Tendría que ser más estricta la regulación de las etiquetas, en lugar de que su aplicación sea voluntaria o de que puedan coexistir diferentes propuestas de información nutricional en un mismo envase?

Lo voluntario no sirve para nada frente a la industria que no es leal, que es la problemática. Hay que establecer un sistema obligatorio que permita que el consumidor sepa a ciencia cierta lo que compra. Ejemplos de fórmulas de garantía son las de los artículos 35.1.a) o 36.2.c) del Reglamento 1169/2011: hay que garantizar que el consumidor comprende mediante estudios científicos.

¿Qué podemos hacer los consumidores, desde el punto de vista legal, para exigir mejores alimentos e información más completa sobre los mismos?

Exigir la incorporación del dietista-nutricionista al Sistema Nacional de Salud e informarnos, adquirir criterio para hacer compras responsables y desechar la producción insana de la industria desleal. Para ello es capital aprender e informarse de fuentes fiables, como la Organización Mundial de la Salud (que tiene artículos fiables de todo lo relacionado con la alimentación), y de personas de honestidad y valía acreditadas como Julio Basulto, que es mi maestro y mi referencia de consulta.


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