¿Harto de los timadores a domicilio? Así puedes defenderte

Los comerciales sin escrúpulos llaman a la puerta, pero los expertos aconsejan no abrir y reclamar (o denunciar) si ya has firmado
Por EKA /ACUV 18 de mayo de 2019
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Imagen: olly18

Las estafas en la propia puerta de casa crecen y tienen como objetivo a personas mayores, sobre todo si viven solas. Pero puedes defenderte y ayudar a quién ha padecido una. Los contratos firmados por la venta de productos o servicios (electricidad, gas…) que resultan un timo pueden romperse. E incluso, a veces, acaban en los tribunales, que suelen dar la razón a la persona estafada. Recopilamos todas las claves para protegerte de estos estafadores que llaman a la puerta.

Caso real: un jubilado de 83 años, que cobra la pensión mínima, descubre que aquel papel que le dieron a firmar unos comerciales -y que él creía que era su aceptación de unos regalos- es en realidad un contrato de compra de 10 tomos de tebeos, un pedaleador, una tableta, un ordenador portátil y tres almohadas por 3.250 euros a pagar en 30 mensualidades a una financiera. Este es uno de los ganchos más frecuentes, y ni mucho menos el único.

Las asociaciones de consumidores reciben un goteo constante de ciudadanos furiosos, angustiados y avergonzados, que se presentan como víctimas de la manipulación de comerciales sin escrúpulos. ¿Su intención? Lograr que, incluso desde sus propias casas y a precios de escándalo, compren productos de lo más variopinto, que ni habían pedido ni querían ni van a usar, y cuya factura les supone un importante quebranto económico y psicológico. El testimonio de los afectados suele coincidir: tras una o dos horas de charla embaucadora, medias verdades (o mentiras flagrantes) e incluso amenazas, firmaron los contratos sin ser conscientes de estar comprando ningún artículo.

Sanciones y prohibiciones

Este timo a domicilio crece a pasos agigantados. En muchos casos empieza con el regalo de un libro o una encuesta sobre salud, y se dirige especialmente a personas mayores que viven solas. «Nos alarma este crecimiento. Hemos detectado prácticas muy preocupantes», asegura la directora del Instituto Vasco de Consumo (Kontsumobide), Nora Abete. El pasado año, esta institución sancionó a 41 empresas de venta a domicilio por prácticas abusivas, tácticas que están también muy extendidas entre las compañías de luz y gas.

Según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, en 2017 los consumidores españoles presentaron más de 1,3 millones de quejas contra las eléctricas y 369.000 contra gasísticas. Estas cifras han hecho que el Gobierno prohíba la comercialización de estos servicios a domicilio. Asociaciones como EKA/ACUV (Asociación de Personas Consumidoras y Usuarias Vasca)y la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) llevan años exigiendo una regulación más exhaustiva, así como más inspecciones y sanciones ejemplares sobre este mercado.

Puertas frías y calientes

Salud, cultura, regalos. Estas son las palabras que abren puertas, ya sean «frías» o «calientes». El primer término se utiliza para aquellas a las que llaman los comerciales sin previo aviso, probando suerte en «batidas» por barrios y pueblos. Las segundas, las de aquellos que un día hicieron una compra y que, cada cierto tiempo, reciben una nueva visita comercial con otra «oferta irresistible» de la primera empresa o de otras similares a las que esa vendió sus datos de forma ilegal.

Los titulares de más de la mitad de estas reclamaciones son personas de edad avanzada o sus hijos, que son quienes descubren el problema y se movilizan para tratar de sacar a sus padres del engaño.

Para conseguir la anulación del contrato, el consumidor puede ejercer el desistimiento o alegar «vicio de consentimiento». Con la rescisión del contrato, se anula también la financiación o el préstamo vinculado al mismo y se cancela el uso de los datos personales del cliente en poder de la empresa. Esta última tiene la obligación, además, de retirar los productos entregados y devolver al cliente el acostumbrado adelanto en efectivo de entre 100 y 200 euros.

Sí, podemos anular la compra

Pero ¿en qué consiste el derecho de desistimiento? La venta fuera de establecimiento mercantil (por Internet, por teléfono o en visitas a domicilio) permite al cliente anular la compra de un producto o la contratación de un servicio sin necesidad de justificar su decisión. Debe estar explicado de forma destacada en el propio contrato (de lo contrario, se considera ilegal) y el plazo para ejercerlo es de 14 días naturales.

Para ello puede bastar con una llamada telefónica a la empresa. En el sector de la venta a domicilio es frecuente que la empresa no coja el teléfono o, si lo coge, trate de ganar tiempo para que venza el plazo con el argumento de que «el responsable de devoluciones no está».

Al reclamar, conviene añadir una frase que, en estas situaciones, obra milagros: «(…) o procederemos vía judicial»

Lo más seguro es enviar desde Correos un burofax con acuse de recibo. Hecho esto, la empresa no puede de ninguna manera oponerse al desistimiento. Aun así, muchos lo intentan.

Superados los 14 días desde la recepción del producto, la posibilidad de anular el contrato pasa por alegar vicio o error en el consentimiento. Conviene añadir en la reclamación una frase que, en estas situaciones, obra milagros: «(…) o procederemos vía judicial».

¿Qué significa vicio o error en el consentimiento? Quiere decir que el comprador tiene sus facultades mentales mermadas (por la edad, por diversas patologías…), que no entendió lo que estaba firmando o que no era consciente de estar haciendo una compra.

Pueden parecer excusas a posteriori fáciles de rechazar para estas empresas, pero rara vez lo hacen. Saben que esas alegaciones son ciertas en un porcentaje alto de casos y, si las rechazan y el asunto llega a los tribunales, un juez casi seguro declarará nulo el contrato, les condenará en costas y quizá hasta les imponga una indemnización extra por daños morales.

¡No abras la puerta!

Este es el mejor consejo que se puede dar. Conviene no abrir la puerta a visitas comerciales no solicitadas. Y, si lo haces y las ofertas te resultan interesantes, es importante tomarse un tiempo para reflexionar y valorar si interesa o no. Jamás hay que firmar nada «en caliente» y se debe solicitar a los comerciales que dejen la información (la publicidad, el contrato…) para analizarla en profundidad, comparar precios y sopesar bien su decisión.

De todas maneras, quienes se decidan por la firma de un contrato en casa, con independencia de su naturaleza, y se arrepientan, deben darse prisa para ejercer en plazo el derecho al desistimiento. Ante cualquier duda, consulten con una asociación de consumidores, una OMIC (Oficina Municipal de Información al Consumidor) o los servicios de atención al consumidor de las diferentes comunidades autónomas.

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