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Cirugía de tiroides y alteraciones de la voz

La intervención de tiroides, muy común entre la poblacion femenina, puede provocar alteraciones en las cuerdas vocales

  • Autor: Por

  • Fecha de publicación: domingo 25 octubre de 2009

La tiroides es una glándula situada cerca de las cuerdas vocales y de dos nervios, el recurrente y el laríngeo superior. Ambos están implicados en el habla. Por esta estrecha relación, en ocasiones, después de una intervención pueden aparecer problemas en la voz, como afonía o incapacidad total para emitir sonidos, voz bitonal, menor sensibilidad en la faringe y mayor tendencia a ahogarse.

Intervención de glándula tiroides

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En España se realizan cada año en torno a 15.000 intervenciones de la glándula tiroides. A pesar de ser muy frecuentes, tienen mala reputación por sus efectos adversos. La glándula tiroides se sitúa cerca de las cuerdas vocales y de dos nervios muy ligados a la voz: el nervio recurrente, propio de las cuerdas vocales y que se utiliza al hablar, y el nervio laríngeo superior, de menor importancia, pero que también está implicado en el habla.

El primero mueve las cuerdas vocales, de modo que afecta a la propia “anatomía” de la voz, explica Antoni Sitges-Serra, catedrático de Cirugía de la Universidad Autónoma de Barcelona, jefe de la Unidad de Cirugía Endocrina del Hospital del Mar (Barcelona) y referente en cirugía endocrina. Esta estrecha relación entre el aparato fonador y los dos nervios mencionados, en ocasiones, puede conducir a la aparición de problemas en la voz después de una operación de la tiroides: una lesión del nervio recurrente, una lesión inespecífica (cuando no se identifica ninguna lesión nerviosa) y una lesión del nervio laríngeo superior.

Tres lesiones, varias consecuencias

Las lesiones inespecíficas son reversibles y no están ligadas al daño en los nervios de la laringe

Las lesiones inespecíficas que ocasionan problemas de la voz tras la intervención de tiroides pueden deberse a varias causas: pólipos, la intubación que realiza el anestesista -un estudio publicado en “Archives of Surgery” concluye que el tubo de plástico que pasa por la laringe puede generar inflamación y traumatismos en las cuerdas vocales- y el acto quirúrgico en sí, puesto que el cirujano diseca, abre y toca la zona de las cuerdas vocales. “La percepción de la voz es muy subjetiva y hay pacientes que, después de la cirugía, detectan que ya no hablan como antes”, explica Sitges. Estos problemas son reversibles y no están ligados al daño en los nervios de la laringe.

Otro tipo de lesión, la del nervio laríngeo superior, que “tensa” las cuerdas vocales, es menos grave que la lesión del nervio recurrente, que las “mueve”. Tras la cirugía se originan entre un 8% y un 15% de lesiones en el laríngeo superior. Puede darse en un único lado de la glándula tiroides o en los dos. Cuando sucede, los pacientes experimentan una pérdida de la potencia de voz, sienten que les falta fuerza para emitir sonidos agudos (cuando cantan, notan que han perdido varios tonos). La razón es que las cuerdas vocales no quedan bien tensadas. El impacto de la lesión para ciertos profesionales, como los telefonistas, locutores, maestros y cantantes, cuando la lesión afecta a los dos nervios laríngeos superiores, puede ser importante, sobre todo, si la lesión es bilateral.

Un tercer tipo de lesión que puede darse tras la cirugía de la tiroides es la del nervio recurrente, crucial para mover las cuerdas vocales. Aunque es menos frecuente que la anterior, sus complicaciones son más graves. El tipo de patología tiroidea que se intervenga determina las consecuencias. Cuando se debe a un tumor canceroso, el nervio recurrente queda afectado en un 5% o un 6% de los casos, mientras que si el origen está en una patología benigna de la tiroides, el riesgo de lesión se limita al 1% o 2%.

Estos son los resultados de los grupos más experimentados en cirugía de la tiroides, pero cuando los equipos que intervienen reúnen menos experiencia, se pueden disparar y las complicaciones postquirúrgicas llegan hasta un 8% o un 10%. Por esta razón, hay que acudir a unidades especializadas en cirugía endocrina. Hacerlo es fundamental, puesto que las lesiones del nervio recurrente pueden ser también definitivas.

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