La influencia de la dieta en el rendimiento intelectual

Psicobiólogos de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Madrid constatan un incremento superior al 15% en el rendimiento intelectual de los adolescentes
Por Jordi Montaner 29 de diciembre de 2004

La socialización de determinados grupos de alimentos básicos, así como unas mejores condiciones de vida, parecen haber ejercido un rol fundamental no sólo en la talla y los índices de masa corporal de los adolescentes españoles en los últimos años, sino también en su rendimiento y capacidad intelectual. A esta conclusión llega un equipo de psicobiólogos tras comparar los resultados de test de inteligencia obtenidos en los años setenta con los actuales.

Lo de que las etnias mejoran con el tiempo puede que sea más que un eufemismo. Se sabía por estudios ponderales prospectivos que la estatura media de los niños y niñas españoles ha aumentado considerablemente en los últimos años, si bien es cierto que también ha aumentado su índice de masa corporal y eso no es, precisamente, una buena noticia.

Un equipo de psicobiólogos de la Universidad de Barcelona y la Autónoma de Madrid, además, acaba de revelar que nuestros menores son ahora un 15% más inteligentes que en los años 70. El equipo dirigido por Antonio Andrés Pueyo y Josep Maria Lluís Font (Barcelona), junto a Roberto Colom (Madrid), analizó los test de inteligencia llevados a cabo en 275 niños y niñas barceloneses de 7 años en 1999 con los mismos efectuados 30 años antes en otros 459 niños. La conclusión fue que el coeficiente intelectual ha mejorado entre un 15% y un 17%, destacándose que en los sectores socioeconómicos más desfavorecidos es curiosamente donde más ha subido tal coeficiente.

Puestos a buscar una explicación para dicho avance, los expertos reconocen dos posibles vías de progreso: la mejora del estamento educativo en todo el territorio y la influencia de factores ambientales como la dieta en las primeras etapas de desarrollo, mucho más completa y socializada que tres décadas atrás.

Gracias por la carroña

El déficit de hierro puede disminuir de forma notable el rendimiento y la capacidad intelectual
¿Cuándo empezaron los humanos a ser mucho más inteligente que sus seres vecinos? Los antropólogos Leslie C. Aiello y Peter Wheeler sostienen que fue en el momento en que los homínidos cambiaron su dieta y empezaron a comer carne. «A partir de un consumo más o menos abundante de carne, la selección favoreció a nuestros antepasados con cerebros de mayor tamaño en los que la inteligencia se abrió paso», explican.

Las primeras muestras de ingenio se referían precisamente a la obtención de herramientas o instrumental elaborado a base de piedras, maderas o huesos para consumir el tuétano abundante de las piezas muertas de mayor tamaño. Las grasas y proteínas del tuétano actuaban a modo de combustible para unos cerebros más grandes en los que habría podido empezar a emerger la inteligencia.

Juan Luis Arsuaga, en su obra Los aborígenes, sostiene que la inteligencia humana surgió a partir de la reestructuración y expansión del cerebro posibilitada por el aporte energético que proporcionaría el consumo de carne. El director de los yacimientos de Atapuerca califica el descubrimiento de la carroña por parte de nuestros antepasados homínidos como «el acontecimiento fundamental en nuestra evolución».

Por su parte, Pickford y Senut sugieren desde el Reino Unido que Orrorin tugenensis, un supuesto homínido de 6 millones de años de antigüedad, ya sabía lo que era comer carroña. Pero la certeza de que la carroña empezó a formar parte de nuestra dieta data de hace sólo 2 millones y medio de años, en los dominios de Homo habilis y Homo rudolfensis.

Hay que tener en cuenta que el cerebro consume un 20% del gasto energético total del organismo. Se estima que la sustitución de una dieta casi exclusivamente vegetal, muy rica en celulosa, por otra de carne rica en proteínas, propició el aumento del volumen del cerebro y la disminución de la longitud de los intestinos.

El primatólogo Richard Byrne va mucho más lejos. En opinión de este experto, «el lenguaje apareció en la prehistoria a partir de las secuencias de movimientos desarrolladas para preparar alimentos».

SALUD DE HIERRO
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Imagen: opclibra

El hierro es imprescindible para que el cerebro lleve a cabo correctamente sus funciones y, de hecho, la OMS denuncia que entre 600 y 700 millones de personas en todo el mundo sufren carencia de este mineral.

Las dietas pobres o escasas en hierro se sabe que retrasan el crecimiento, alteran el sistema inmunológico y repercuten en la salud cerebral. Según un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Rochester en el Estado de Nueva York, los niños y adolescentes con déficit de hierro obtienen peores resultados en pruebas de matemáticas que los que consumen alimentos con un aporte de hierro adecuado. Este mineral es, en realidad, el responsable de que una proteína tan indispensable como la hemoglobina transporte en los glóbulos rojos el oxígeno necesario para todos los tejidos del organismo.

Los expertos sostienen que el desorden alimenticio con que muchas familias crían a sus hijos acarrea en las más ocasiones un aporte insuficiente de hierro a la sangre. Todo el hierro que necesitamos proviene de los alimentos, y se calcula que los niños o adolescentes de 10 a 14 años deben consumir por lo menos entre 12 y 15 g de hierro al día. Fuentes de hierro son principalmente las carnes, frutos secos, mariscos y legumbres. Se sabe también que la absorción de hierro mejora si se acompañan estos productos de frutas ricas en vitamina C. Los síntomas más frecuentes que orientan a un déficit sanguíneo de este mineral son la pérdida de apetito, fatiga, debilidad o palidez.

Asimismo, diversos estudios clínicos han puesto de relieve que los suplementos de hierro administrados cuando hay déficit leve de este mineral pueden mejorar la función cerebral de los adolescentes, aumentando su capacidad para el aprendizaje y para la memoria. Destaca, en particular, el llevado a cabo por un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, en EEUU, quienes se propusieron estudiar a un grupo de 78 adolescentes de sexo femenino con niveles bajos de hierro, aunque no tan bajos como para causar anemia.

Las chicas pasaron primero por varias pruebas diseñadas para medir su atención y su destreza en el aprendizaje de nuevas palabras. Después se dividieron en dos grupos: un grupo de tratamiento que tomó suplementos de hierro y otro control, que tomó placebo. El ensayo duró 8 semanas, tras las cuales se volvieron a medir los niveles de hierro y se volvieron a realizar las mismas pruebas. El hierro había alcanzado los niveles normales en el grupo que tomó suplementos y permaneció casi igual en el grupo de placebo. Los niveles se determinaron midiendo la concentración de ferritina en el suero. En cuanto a los test llevados a cabo, ambos grupos obtuvieron resultaros similares en el de atención, pero las chicas que habían estado ingiriendo suplementos de hierro destacaron de forma importante en las pruebas de aprendizaje verbal y de memoria.

«Lo que necesitamos saber es si son los efectos tan sutiles que te permiten dar lo mejor de ti en dichos ámbitos educativos», afirma la directora del ensayo americano, Ann B. Bruner. De hecho, la idea de que el déficit de hierro puede influir en la función del cerebro no es nueva. La fisiopatología sostiene desde hace tiempo que la causa biológica de que disminuya la función cerebral en individuos con déficit de hierro es que las enzimas que dependen de este mineral para sintetizar y procesar los neurotransmisores reducen su actividad cuando la concentración corporal de hierro es baja.

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