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Los helados más sanos y ligeros

Propuestas sencillas de helados, granizados y sorbetes ricos, ligeros y saludables para disfrutar este verano sin pasarse con las calorías

  • Autor: Por MAITE ZUDAIRE
  • Última actualización: 2 de julio de 2015
Imagen: Odelinde

El helado en verano podría compararse con el turrón en Navidad: uno puede deleitarse con una porción de vez en cuando, pero no conviene que se convierta en un hábito. El denominador común de la mayoría de helados es su dulzor (por su contenido en azúcares) y su cremosidad (por su contenido en grasas), dos nutrientes que suman calorías y un apreciable aporte energético. Por ello, si nos gustan mucho los helados y los tomamos con cierta frecuencia, lo sensato sería escoger los más ligeros y saludables. En este artículo se aportan algunas ideas para ello, como preparar helados caseros naturales o saciar el antojo de dulce con un helado más ligero o "mini".

Helados caseros y naturales

En casa es posible elaborar helados, granizados o sorbetes con recetas muy sencillas que, además, son saludables y ligeras.

Con frutas. Las frutas de verano destacan por dos cualidades para transformarse en helados deliciosos: son muy abundantes en agua y tienen un sabor dulce muy acentuado.

  • La sandía es tan acuosa, que resulta idónea para sorbetes y granizados.
  • Los jugosos melocotones, tan dulzones, contrastan muy bien con otras frutas ácidas, como las frambuesas en forma de sorbete o con limón, a modo de granizado.
  • Cualquier batido o jugo veraniego, como el de melón, manzana y pera, el de albaricoque, manzana y melocotón o el de cerezas, frambuesas y naranjas, si se mete al frigorífico en moldes o se le añade hielo picado, se transforma en un apetitoso postre frío.
  • Tan solo con la fruta y unas gelatinas de agar-agar se pueden imitar los polos de sabores, como el de fresa o el de limón. Cuantos menos aditivos colorantes lleve la receta, más sano y natural resultará el dulce.
Imagen: CONSUMER EROSKI

Mixto de fruta y lácteo. La leche y los yogures sirven como ingredientes saborizantes y espesantes para improvisar en pocos minutos deliciosos helados. Luego cabe esperar a que cuaje la mezcla en el molde y se congele para servirlo a modo de porciones individuales. Las claras o las yemas de huevo que se añaden a muchas recetas de helados sirven para dar más consistencia, si bien suman proteínas y grasas, como en la receta de helado de yogur y cerezas o de yogur y frutas. Basta con cambiar la fruta para hacer tantas versiones de helados ligeros y saludables como apetezcan.

Infusiones y tés granizados. Preparar una infusión o un té cuesta cinco minutos. Una vez que se enfría, se cuela y se mezcla con hielo picado para disponer de una nueva fórmula que hidrata y refresca al mismo tiempo. Algunas sugerencias: granizado de té negro al limón, té verde, té rojo con cardamomo, té moruno o con hierbabuena, té a la canela o de rooibos a la canela (este último no tiene cafeína). Acostumbrarse a los sabores naturales, sin añadir azúcares, ni miel ni otro tipo de endulzante es un buen comienzo hacia unos mejores hábitos alimentarios.

Helados industriales más ligeros o "mini"

La diabetes, los triglicéridos altos, el colesterol elevado y el sobrepeso u obesidad son cuatro enfermedades para las que el consumo de ciertos alimentos resulta contraproducente. Los dulces en general y los helados en particular entran dentro del grupo de alimentos limitados en estas patologías. En estos casos, no conviene comer helados con nata o azúcares, que son por lo general los más cremosos, cubiertos con chocolate, etc. Incluso los polos, sorbetes o granizados de sabores (limón, fresa, naranja...) son muy azucarados, por lo que también habrá que prescindir hasta de los más sencillos.

Imagen: CONSUMER EROSKI

La industria alimentaria pone a disposición del consumidor variedad de helados golosos en versión "mini", de modo que se puede satisfacer el capricho de comer helado sin tanto remordimiento. De igual manera, se dispone de una amplia gama de helados sin azúcares añadidos, aunque con una mayor cantidad de aditivos saborizantes, espesantes o emulgentes, unas sustancias que tratan de compensar la pérdida de sabor y textura que de forma natural proporcionan los azúcares en el producto. Son unas propuestas más ligeras a las que recurrir en determinadas circunstancias para quitar el deseo de comer un helado. No obstante, en cualquiera de los casos, conviene tener presente dos cosas:

  • La grasa de los helados. Si es de origen lácteo (nata o crema, leche), el producto suma grasa saturada y colesterol. Si es de origen vegetal, conviene comprobar su naturaleza, ya que si lleva añadidas grasas de coco o de palma, estas también son ricas en grasas saturadas. Estos helados no estarán indicados en caso de dislipemias, problemas cardiovasculares ni hepáticos.
  • Los azúcares. El contenido medio de azúcares de los helados ronda los 15-30 gramos por cada 100 gramos, esto es: un sobre de azúcar por cada dos bolas pequeñas de helado. Además de azúcar, a menudo llevan añadidos edulcorantes calóricos como glucosa, dextrosa, jarabe de glucosa y/o de fructosa. Estos helados no están indicados en caso de dislipemias, diabetes, sobrepeso y obesidad.

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