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Embutidos, mucho más que picoteo y bocadillos

Los embutidos dan mucho juego en la cocina y permiten preparar deliciosos platos, como ensaladas, purés o tostas con frutas

  • Autor: Por PEIO GARTZIA
  • Fecha de publicación: 22 de septiembre de 2014
Imagen: jules:stonesoup

Mezcla de carne y especias, ahumados, cocidos o frescos, los embutidos forman parte de la riqueza gastronómica de nuestro país. Cada región tiene su especialidad, su sabor característico. Fáciles de transportar, conservar y emplear en la cocina, son alimentos que disfrutan tanto adultos como pequeños. De hecho, su textura y su sabor son tan bien recibidos que, la mayoría de las veces, se emplean como protagonistas de picoteos y bocadillos, sin más acompañantes, solo con pan. Sin embargo, los embutidos pueden dar mucho juego en infinidad de platos: desde los guisos y estofados hasta otros menos grasos, como ensaladas, con purés o con frutas. A continuación, se ofrecen siete ideas para cocinar con embutidos... más allá del típico bocadillo.

Siete ideas para cocinar con embutidos

Purés y ensaladas, pasta, pizzas o revueltos... Existen diversas recetas que admiten muy bien el toque sabroso de los embutidos. En muchas de ellas, que son elaboraciones suaves, los embutidos darán un contrapunto graso muy interesante para el paladar. Eso sí, antes de emplear los más grasos (como salchichón, fuet, chorizo, chistorra, longanizas, salami o salchichas), es conveniente aligerarlos un poco, para conseguir unos platos más saludables y fáciles de digerir. Para ello, cortamos el embutido en finas rodajas (o destripamos el contenido) y lo cocinamos en una sartén antiadherente sin nada de aceite, a fuego suave. Por la acción del calor, la mayor parte de la grasa se fundirá y podremos apartarla. Obtendremos un picadillo sabroso, concentrado y mucho más ligero. Otra manera de desgrasar es con el microondas, calentando los trocitos de embutido al 50% de potencia y con intervalos de 30 en 30 segundos.

  • 1. En el desayuno. Para las mañanas, lo más recomendable es una preparación sana y nutritiva. Los mejores embutidos serán, pues, unas lonchas de jamón york o de pavo. Preparamos unas rodajas de pan untadas de tomate fresco, añadimos un hilito de aceite de oliva y unas finas lonchas de jamón york o pechuga de pavo. Si nos gustan los sabores agridulces, podemos dar un toque con unos trocitos de naranja o de piña aromatizada con un aceite de pimientas.
  • 2. Con frutas. La mezcla de fruta fresca y embutido es una combinación que merece la pena explorar. Para ello, podemos sustituir el típico melón con jamón por una versión más suave: melón con jamón de pavo. También podemos preparar un gazpacho de cerezas o de sandía con unas láminas de crujiente de salchichón. Otra opción es hacer sofisticados y sencillos canapés. Para ello, preparamos unas tostas de pan, o unas cucharillas de las que se utilizan para los catering, colocamos una base de daditos de manzana, melocotón o piña salteadas con un toque de aceite de oliva, sal y un poquito de pimienta y, después, ponemos sobre las frutas un desmigado de embutidos desgrasados con anterioridad.
  • 3. Con verduras. Los embutidos aportan mucho sabor cuando los usamos como acompañamiento crocante de una menestra de verduras, de brécol cocido o de coliflor. Una vez cocidos los vegetales, agregamos un salteado de embutido desgrasado. Sorprenderemos si utilizamos fuet o salchichón en lugar del típico refrito de jamón serrano o de panceta. Por otro lado, en cualquier ensalada fresca un toque de embutido puede convertir un entrante en un plato único, ya que aportará proteínas y grasas, además de un sabor y una textura muy distintos.
  • 4. En salsas. Muchas salsas de acompañamiento -desde las salsas de tomate, hasta la vizcaína o la bechamel- admiten que añadamos unos toques de embutido. En cualquiera de ellas, si agregamos unos trocitos de embutido desgrasado, conseguiremos una gracia y un sabor especial (sobre todo, si utilizamos embutidos ahumados).
  • 5. En tortillas y revueltos. Podemos usar los embutidos como un ingrediente más en la elaboración de tortillas de huevo y patatas, o de revueltos de huevos y verduras (como un salteado de vainas, de ajetes tiernos, de setas o de pimientos). Es una opción muy fácil de preparar, siempre con el cuidado de desgrasar antes los embutidos. Una vez que lo hayamos hecho, tan solo debemos añadirlos en el último momento a la tortilla o el revuelto junto con el huevo.
  • 6. Con purés. Unos panecillos tostados al horno (en vez de fritos) y un picadillo de embutido desgrasado sería una versión light de las sabrosas migas de pastor: una mezcla con poca grasa que, combinada con purés de verduras, consigue una divertida guarnición y decoración. La preparación es fácil: una vez tostados los panecillos, los desmigamos ligeramente y mezclamos con el embutido desgrasado. En el momento de servir el puré o crema de verduras, espolvoreamos por encima de manera decorativa.
  • 7. Con pasta, pizza o arroz. Estos platos son más calóricos y, además, requieren que el embutido termine de cocinarse junto al elemento principal. Así, si bien estos picadillos también dan un buen resultado, conviene desgrasar el embutido antes cociéndolo en agua antes de agregar a la pasta, a la pizza o al arroz.

Etiquetas:

dieta, embutido, grasas


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