Reducir el consumo de aceite de palma es posible adoptando hábitos de compra más conscientes, como leer las etiquetas de los productos y elegir aquellos que no lo contienen o que utilizan aceite de palma sostenible certificado. También es recomendable priorizar alimentos frescos y poco procesados, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, en lugar de ultraprocesados que suelen incluir este ingrediente. Cocinar en casa con aceites más saludables, como el de oliva o girasol, y apoyar marcas comprometidas con prácticas sostenibles son pasos clave para minimizar su presencia en nuestra dieta y contribuir al cuidado del medioambiente.
Aceite de palma, un ingrediente omnipresente fácil de evitar
Evitar el consumo excesivo de aceite de palma es importante porque, aunque es un ingrediente muy común en productos procesados, su versión refinada es rica en grasas saturadas, lo que puede aumentar los niveles de colesterol LDL («malo») y favorecer el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, cuando se somete a altas temperaturas —como ocurre en muchos procesos industriales— puede generar compuestos potencialmente tóxicos asociados a problemas renales, hepáticos e incluso a ciertos tipos de cáncer. Por estas razones, se recomienda limitar su ingesta y optar por fuentes de grasa más saludables.
A estas alturas, cuando se han publicado multitud de informaciones sobre los perjuicios para la salud que tiene el aceite de palma, queda claro que la composición de este aceite vegetal obtenido a partir de un tipo de palmera concentra ácidos grasos saturados. También se ha puesto de manifiesto que vegetal no es sinónimo de saludable y que el consumo abusivo de esta grasa provoca un aumento de los niveles de colesterol sanguíneo, al mismo tiempo que se relaciona con enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, de cada ciudadano depende la ingesta de este tipo de aceite tan perjudicial. La Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA) advierte de que el consumo de aceite de palma, incluso si es reducido, es peligroso para los niños y asegura que tomado con frecuencia pone en riesgo la salud de todos. Tan solo hay que tener en cuenta cuáles son los alimentos que mayor concentración de aceite de palma tienen y evitar o, cuanto menos, moderar su ingesta. No hay que olvidar que cuando este aceite se trata a temperaturas superiores a 200 grados, se detectan en su composición ciertos compuestos clasificados como posibles carcinogénicos.

Entre los productos más destacados por incorporar ácido palmítico se halla la bollería industrial, incluidas numerosas marcas de galletas, platos precocinados, repostería y pastelería industrial, cremas, coberturas y salsas. De ahí que médicos, nutricionistas y endocrinos recomienden tomar alimentos elaborados con aceite de oliva o de girasol. Para ello es imprescindible leer con detenimiento el etiquetado y no fiarse de las «grasas vegetales«.
Desde la Agencia EFE se ha enviado un comunicado donde Markus Lipp, perteneciente a la secretaría del comité mixto de expertos de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), explica que la mejor recomendación para los consumidores es seguir una dieta variada y hacer ejercicio físico. Asegura, sin embargo, que esto no evita que haya grupos de riesgo como los niños que, siendo más pequeños, comen proporcionalmente más que los adultos y su exposición a ese tipo de sustancias en función de su peso corporal es mucho mayor.
Dieta variada y sana
Una dieta variada se basa en una alimentación correcta y completa, en una dieta equilibrada cuyo modelo más reconocido es la dieta mediterránea. Esta permite, por un lado, que el cuerpo humano funcione con normalidad, es decir, que cubra sus necesidades biológicas básicas -necesita comer para poder vivir- y, por otro, previene o al menos reduce el riesgo de padecer ciertas alteraciones o enfermedades a corto y largo plazo.
Basta con recordar el impacto que tienen en nuestra sociedad las llamadas «enfermedades de la civilización»: hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos de la conducta alimentaria y hasta ciertos tipos de cáncer que se relacionan con una alimentación desequilibrada. No es, normalmente, una relación directa de causa-efecto, pero sí supone uno de los factores que contribuyen a aumentar el riesgo de aparición y desarrollo de esas enfermedades.
A continuación se muestran unos consejos sobre cómo seguir la dieta mediterránea:
- Conviene saber que la dieta mediterránea no es sinónimo de alimentos concretos, sino que es una forma de entender la alimentación, consumiendo a diario alimentos frescos, locales, de temporada y con protagonismo de verduras, frutas, hortalizas, legumbres, cereales y frutos secos.
- Vigilar los horarios y el ritmo de vida, ya que el estilo de vida mediterráneo es incompatible con muchos horarios actuales. Se necesita tiempo para cocinar y comer (si es posible, en compañía).
- El clima invita a salir a la calle; hagámoslo.
- Hay que descansar lo suficiente.
- Se debe tomar agua para beber. Si se bebe vino, que sea solo una excepción, como una pequeña copa en la comida o la cena, aunque es mejor evitarlo.
- El aceite de oliva virgen, o virgen extra, es fuente de salud. No puede faltar ni para cocinar ni para aliñar ensaladas.


