Los alimentos más seguros para llevar de acampada

En las acampadas debe planificarse al detalle el alimento que se va a consumir y su cocinado
Por Maite Pelayo 24 de julio de 2008
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Imagen: fredo

En acampadas y excursiones de larga duración, garantizar unas condiciones mínimas de seguridad alimentaria es fundamental para evitar posibles toxiinfecciones, que podrían suponer un serio problema de salud si el lugar elegido es poco accesible y alejado de un centro médico. No solo debe tenerse en cuenta el alimento que se vaya a llevar, sino los utensilios más adecuados para manipularlos y que el acceso a fuentes de agua potable esté garantizado.

Imagen: fredo

Cuando se acude a un camping regulado, bien en tienda de campaña, en caravana o autocaravana, se dispone casi de las mismas comodidades y equipos que los de cualquier cocina doméstica: suministro de agua potable, refrigeración, cocina o tiendas de comestibles cercanas para abastecimiento. Todo se complica si se opta por un tipo de campamento un poco menos convencional, una acampada libre o una expedición de montaña de varios días con pernoctación en tiendas de campaña o refugios.

En el caso de una excursión de un día, es muy fácil solucionar dos o tres comidas ya que, entre otras cuestiones, es posible mantener los alimentos bien calientes o bien fríos y evitar temperaturas intermedias. Pero si la salida dura más de un día, debe planificarse con detalle y suficiente antelación el tipo de alimento más adecuado, su forma de cocinado, así como los utensilios necesarios para garantizar su seguridad.

Alimentos más adecuados

Los alimentos elegidos estarán en función de sus necesidades de conservación, sobre todo de temperatura. También deberá tenerse en cuenta el peso que, si es excesivo, dificultará el transporte. Además, habrá que elegir alimentos que cubran las necesidades nutricionales de los excursionistas y aporten la energía necesaria para el desarrollo de sus actividades.

Lo más adecuado es optar por los siguientes alimentos:

  • En conserva enlatados (legumbres, verduras, pescados en aceite, e incluso, carnes en conserva) son de larga conservación y no necesitan refrigeración (excepto las semiconservas como las anchoas). Por el contrario, tienen un elevado peso. Una vez abiertos deben consumirse, ya que no se podrán refrigerar. Debe tenerse especial cuidado con los golpes porque podrían hacer saltar el esmalte de protección interno y provocar oxidaciones.
  • Arroz y pasta seca: además de combinar con casi todos los alimentos (verduras, carnes o pescados en conserva), son muy saciantes y energéticos.
  • Sopas y otros alimentos deshidratados como leche en polvo, esta última imprescindible para sustituir a la leche tradicional.
  • Frutos secos y chocolate: son alimentos de buena conservación y gran aporte energético, aunque debe evitarse que entren en contacto directo con el suelo y se guardarán siempre en recipientes, bolsas o contenedores herméticos e impermeables, que deberán mantenerse siempre cerrados cuando no se utilicen para evitar polvo o insectos.

Material y utensilios

El material de cocina que se vaya a utilizar tiene una importante relación con la seguridad de los alimentos. En definitiva, se debe optar por aquellos que garanticen un proceso de manipulación y elaboración adecuado. Se utilizarán cazuelas especiales para acampadas, ya que son ligeras y ocupan poco espacio. En cambio, no debe utilizarse madera porque es un material muy poroso que se impregna y contamina de forma fácil y, además, es difícil de limpiar.

Una buena práctica para prevenir infecciones es higienizar y pasar por las llamas los utensilios

Estos utensilios pueden entrar en contacto con el suelo y las plantas y, si bien esos lugares tendrán menos contaminación de tipo patógeno que los sitios de intenso paso de personas propios de las ciudades, el peligro de infección o contagio de enfermedades es real: un entorno natural no es sinónimo de un lugar «libre de microorganismos».

El uso del fuego (cocina de gas o fogata) resulta una excelente herramienta de higienización al cocinar. Los alimentos cocinados o calentados con calor intenso tienen menor riesgo de provocar toxiinfecciones. Hay que tener en cuenta la prohibición de hacer fuego en la mayoría de los espacios naturales.

Una buena práctica para prevenir infecciones consiste en higienizar y pasar por las llamas los utensilios que entrarán en contacto con la comida, como cucharas y cuchillos metálicos. Bastará con colocar el objeto sobre las llamas (no entre ellas) durante unos segundos. También se pueden esterilizar los utensilios e introducir en agua hirviendo durante unos diez minutos.

Extremar las precauciones

Una nevera isoterma portátil es útil solo el primer día. Cuando los acumuladores de frío pierden su poder refrigerante, es inútil para la conservación de alimentos con necesidades de refrigeración si no se dispone de una fuente de frío para recargarlos. Las altas temperaturas del verano dificultan las acampadas durante este periodo en términos de seguridad alimentaria.

Como medida para evitar la posible proliferación de infecciones y plagas, es imprescindible no dejar ningún tipo de desperdicios ni basuras tras la acampada. En el caso de que se realice en un país exótico, deberán extremarse aún más las precauciones y planificar, con la ayuda de personal cualificado y experimentado, todos y cada uno de los detalles de la expedición, desde las vacunas u otras necesidades sanitarias hasta las prácticas de supervivencia básicas y el tipo de alimentos más adecuados.

FUENTES DE AGUA POTABLE

Img fuenteImagen: HiniEl acceso a agua potable es un factor clave en las acampadas al aire libre. No resulta para nada recomendable depender de un manantial natural, lago o río para abastecerse de agua de bebida y limpieza de utensilios. Incluso un manantial del que mana agua potable puede contaminarse de forma temporal por agentes externos, como explotaciones ganaderas cercanas o la presencia de un animal muerto.

Una opción pasaría por transportar una botella de agua del grifo y, cuando sea posible, renovarla o rellenarla con agua de sistemas públicos pertenecientes a la red de abastecimiento de agua potable. En acampadas donde este suministro se complica, puede usarse el agua de manantiales, ríos o lagos y tomar la precaución de potabilizarla antes. La manera más sencilla de eliminar los posibles microorganismos (aunque no los posibles tóxicos químicos) es hervir el agua, filtrada, durante unos minutos (20 minutos aseguran un agua casi libre de microorganismos).

También se venden kits de potabilización en tiendas especializadas, que pueden ser muy útiles para este tipo de casos. Otra posibilidad es utilizar tabletas purificadoras de agua para limpieza de utensilios, así como llevar algún tipo de detergente para su limpieza o jabones especiales, altamente biodegradables y de bajo impacto en el medio ambiente. Resulta preferible verter el agua de limpieza en terreno seco y no cerca de una fuente natural de agua.

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