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Los mecanismos de acción de la Legionella

Legionella pneumophila. El vehículo de transmisión más frecuente para este microorganismo son los aerosoles, pero en ocasiones, aunque en una baja proporción, la bacteria puede estar presente en el agua.

Este microorganismo puede adherirse a las superficies y formar biofilms. A partir de ese momento, la fina capa formada por las bacterias pasa a ser un foco de diseminación. Las superficies a las que se adhiere no son sólo las cañerías de agua, que podría considerarse como un foco de contaminación primaria, sino también aquellas zonas en las que el agua puede condensarse. Las áreas más sensibles en este caso son las torres de refrigeración o los equipos de aire acondicionado. Estos equipos poseen zonas donde el agua se condensa y se convierte en una concentración de riesgo.

Para que el microorganismo crezca, hasta un número elevado, es necesaria una temperatura ambiental alta, por encima de los 20ºC. Es evidente que con la llegada del verano los riesgos se incrementan tanto por el calor como por el uso generalizado de los sistemas de refrigeración. En consecuencia, es necesario evaluar el riesgo asociado a esta bacteria, Legionella pneumophila, controlando su presencia en el agua y eliminándola con una programa adecuado de limpieza y desinfección.

En el campo de la Seguridad Alimentaria, el objetivo de cualquier acción debería encaminarse a obtener un sistema eficaz de bajo coste que permita determinar los puntos más importantes de contaminación. Y, al mismo tiempo, se debería poder determinar la eficacia de las medidas preventivas, en especial las de limpieza y desinfección.


Mecanismo de acción y poder patógeno

El microorganismo Legionella pneumophila afecta fundamentalmente a los adultos a partir de los 55 años. Uno de los factores desencadenantes puede ser el tabaquismo porque elimina los cilios que de forma natural tenemos en nuestros bronquios. Los cilios evitan que los microorganismos se adhieran a la superficie de las células que forman el sistema respiratorio.

Por otra parte, el microorganismo por sí sólo no tiene capacidad para colonizar el sistema respiratorio. Necesita un soporte sólido para fijarse que le dé peso para poder entrar en los alvéolos pulmonares. Este soporte suele ser el polvo ambiental. En consecuencia, es más fácil que aparezca un brote en lugares con una elevada concentración de Legionella donde se realizan obras de construcción de edificios.

El cuadro clínico de la enfermedad se caracteriza por una neumonía con fiebre alta y malestar general. En principio, no se diferencia de otros procesos neumónicos pero puede ser fácilmente diagnosticada al detectarse antígenos del microorganismo por la orina. Esto significa que con una sencilla prueba clínica hospitalaria se puede confirmar cual es el agente causal de la enfermedad. Aunque existe tratamiento antibiótico efectivo, puede haber hasta un 10% de personas que fallecen debido a complicaciones o a un mal estado de salud previo a la infección.


Control y eliminación


La limpieza pretende la eliminación de los residuos macroscópicos. Los microorganismos, aún cuando se eliminen los restos visibles, pueden llegar a las superficies con la suciedad y desarrollar un sistema de adherencia garantizándose el anclaje y la posible multiplicación. Este sistema de adherencia, o biofilm, es un grupo de bacterias que producen unas excrecencias, a modo de microfilamentos, con una elevada capacidad adherente. Así, los microorganismos se agrupan en zonas muy limitadas, seguras, y al mismo tiempo se unen a un soporte sólido que les proporciona estabilidad, nutrientes y espacio.

Una vez se ha formado el biofilm, pueden adherirse a él nuevos microorganismos provenientes de la multiplicación celular de los primeros microorganismos, o bien otros que caigan en esta matriz. Con la limpieza se eliminan los restos macroscópicos, pero para eliminar los biofilms es necesaria una adecuada desinfección. La Legionella es capaz de formar biofilms en las superficies de cañerías, tuberías o en torres de refrigeración; y puede convivir con otras bacterias del género Pseudomonas, que permitirán su supervivencia.

La desinfección de las superficies "duras" y del agua es una de las medidas básicas para mantener unas buenas condiciones higiénicas, tanto a nivel industrial como doméstico. El proceso de desinfección dependerá de las condiciones de aplicación de los desinfectantes químicos -tiempo de contacto, concentración, temperatura y pH-, de las características de las superficies -composición química, carga superficial, hidrofobicidad y rugosidad- y del tipo de microorganismo contaminante.

Para la eliminación de Legionella el agente más eficaz es la lejía o hipoclorito sódico, ya que posee un elevado espectro de acción, no es caro y es muy fácil de utilizar. La concentración necesaria de hipoclorito debería de ser de entre 100 y 200 partes por millón -0,1 a 0,2 mg/L-, con un tiempo de permanencia entre 10 y 20 segundos. Si consideramos que la lejía doméstica concentrada posee, como máximo, un 5% de hipoclorito, para llegar a esta concentración, abría que añadir de 2 a 5 ml de lejía por cada litro de agua, teniendo en cuenta que un ml equivale aproximadamente a 20 gotas de lejía. Si lo que se desea es desinfectar aguas de consumo, la concentración recomendable es inferior, 12 gotas de lejía concentrada por cada litro de agua durante 30 minutos.

A nivel legislativo, este año en Cataluña se publicó el Decreto 3304 de 12.01.2001 como consecuencia de un brote de Legionella en La Barceloneta. Según este Decreto se obliga a desinfectar las instalaciones de refrigeración con una concentración de hipoclorito sódico entre 15-20 ppm -partes por millón- durante 30 minutos, manteniendo posteriormente una concentración constante de 2 ppm.

Bibliografía

Bibliografía

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