El poder de los colores en la dieta de los niños

Los colores de los alimentos son capaces de influir en las emociones y en los reflejos sensoriales
Por Maite Zudaire 18 de octubre de 2013
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Imagen: Howard Dickins

¿Por qué los niños rechazan los alimentos de un color determinado? ¿Hasta qué punto el color influye en la decisión de escoger entre un plato y otro? ¿Han observado cómo se comportan los niños ante los alimentos de color negro u oscuro, como las pasas o las aceitunas negras? Tanto estos, como los de color amarillo, como el maíz cocido, la yema del huevo o la tortilla francesa, suelen ser motivo de desavenencia y rechazo. Esta conducta alimentaria, que en el menor de los casos podría responder a un episodio de neofobia o aversión a probar alimentos nuevos, puede explicarse por la influencia que tiene el color en las emociones y en consecuencia, por la mayor o menor apetencia que suscitan o generan. A continuación se explica cómo influyen los colores en la dieta infantil y se brindan ideas para hacer la comida de los niños más vistosa y colorida.

Dieta infantil: la importancia de los colores

El color, además de rechazo, despierta curiosidad por el sabor del alimento. Esta es una conclusión común en distintos ensayos que han analizado el poder de los colores en el comportamiento. Los colores de los alimentos, de los envases que los contienen o del plato servido son capaces de influenciar en las emociones (provocar alegría, tristeza, exaltación, sorpresa, decepción) u otro tipo de reflejos sensoriales (como apetencia, rechazo, sensación de frío o de calor), un dato que puede ser relevante si lo que se pretende es incentivar el apetito de los niños. Por ello es muy importante que tanto padres y madres, como quienes atienden la alimentación cotidiana de los niños, comprendan esta circunstancia y proyecten la presentación de los platos y la combinación de alimentos para hacerlos más atractivos y estimulantes.

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Imagen: CONSUMER EROSKI

A la hora de determinar la influencia que tienen los colores en la aceptación o rechazo de alimentos y bebidas, se han aplicado distintas teorías. En algunos ensayos, como el realizado por científicos de la Universidade Federal dos Vales do Jequitinhonha e Mucuri, en Brasil, se han combinado colores y sabores en la elaboración de bebidas utilizadas para evaluar la influencia del color en la aceptación de los alimentos así como en la percepción del sabor. Según apuntan los autores, «aunque el color no influyó en la aceptación de los productos, sí hicieron invocar sentimientos de decepción o de sorpresa, lo que demuestra las expectativas de los catadores sobre el sabor en relación al color».

Con niños y jóvenes de entre 2 y 18 años, la universidad australiana de Western Sydney hizo un experimento para investigar la influencia del sabor y el color en la identificación de las bebidas ofertadas. Se les ofrecían cuatro tipos de bebidas, unas con color y sabor típico (por ejemplo, bebida de color marrón con sabor chocolate) y otras bebidas con color y sabor atípico (por ejemplo, color café y sabor piña). Una vez que las probaban, los participantes se decidían por los nombres del sabor que identificaban con cada bebida. Para las bebidas típicas, la selección del nombre correcto fue superior al 80% en todas las edades. Sin embargo, el acierto para las bebidas atípicas disminuyó en general, y de forma llamativa entre los niños pequeños. Los resultados sugieren que la identificación de los alimentos está muy influenciada por el color en los niños pequeños, y con la edad, es el sabor -más que el color-, el factor más determinante.

Img aliric1Otros ensayos sugieren que la edad influye en la elección del color.

  • El rojo suele ser el color preferido durante el periodo de 1 a 10 años de edad. Así, se puede usar este conocimiento para ofrecer a los niños pequeños alimentos de color rojo (fresas, sandía, tomate, granada, pimientos…) con más posibilidades de éxito de que se los coman; y se pueden añadir trozos de estos alimentos en otros platos de peor aceptación con el fin de darles un estímulo.
  • El naranja se baraja como el color preferido en el periodo de 10 a 20 años.
  • El amarillo, de 20 a 30 años.
  • El verde, desde los 30 años a los 40.
  • El azul suele ser el color más escogido en la década de los 40 a los 50 años.
  • El lila, entre los 50 y 60 años.

Cuando se tienen identificados los alimentos con un color determinado que son rechazados por los niños, tiene sentido evitarlos en los platos que interesa que coman. Por ejemplo, si el niño rechaza la pasas o las aceitunas negras, es más sensato ofrecerle estos alimentos aislados, por separado, en distintos momentos y distintos días, en lugar de añadirlos a la ensalada que queremos que coman, o a las espinacas, para evitar que trasladen su rechazo por un alimento concreto a todo el plato.

Ideas para preparar comida más vistosa y colorida

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Para educar el apetito de los niños con naturalidad en la mayor gama posible de alimentos, es conveniente ofrecerles y permitirles desde pequeños el contacto visual y oral con diversidad de texturas, colores, sabores, formas. A continuación se detallan una serie de platos sencillos a la par que coloridos que forman parte del recetario común, y sin embargo no siempre son ofrecidos a los pequeños. A veces, las manías de los padres o los prejuicios sobre la apetencia o aversión alimentaría de sus hijos no tiene justificación alguna, y maleducan el gusto de los niños.

Un menú cromático es un factor que favorece la aceptación de los platos, ya que en muchos casos, se cumple el dicho de que «la comida entra por los ojos«.

  • Ensalada mixta: verde de lechugas, endibias, canónigos o espinacas, además de las aceitunas verdes; rojo de tomate, pimiento, remolacha; amarillo del maíz; blanco de los rabanitos, el pepino, la cebolla, la manzana; negro de aceitunas y uvas pasas; naranja de la zanahoria, los gajos de naranja…
  • Menestra de verduras: alcachofas, guisantes, alubias verdes, contrastan con los champiñones, y la nota de color lo da la zanahoria.
  • Macedonia de frutas: según la temporada, la macedonia puede tener más fuerza de rojos (fresas, frambuesas, cerezas, sandía), de naranjas (cítricos, papaya, mango) o de amarillo (piña, melón). Esta variedad de frutas se puede servir en vasitos o en brocheta, del modo que resulte más llamativo y apetitoso.
  • Brochetas saladas: los tacos de pollo o de pescado blanco pueden hacerse más vistosos si se intercalan en la brocheta con hortalizas de colores como tomate, calabacín o pimientos.
El color de las golosinas

Es sorprendente hasta qué punto el color de un alimento influye en su mayor o menor apetencia sin siquiera probarlo. No hay más que ver la gama de colores vivos y llamativos de las golosinas para concienciarse del papel atractivo de los colores sobre los niños. Según la profesora Lideli Crepaldi, está estudiado el efecto de los colores asociados a los productos alimenticios: el naranja apela al apetito; el amarillo claro resulta poco atractivo; el verde da la sensación de alimento crudo, no maduro; el verde-amarillento debe evitarse porque se asocia con la bilis, al igual que el verde azulado por relacionarse con veneno; el marrón y el canela recuerdan al chocolate, y el color rosa se asocia a dulces, así como a vinos y licores.

En el campo de la comunicación, el color tiene una función bien definida y específica para ayudar a trasladar un mensaje claro, tal y como describe Crepaldi en un artículo. Las agencias de publicidad representan el producto en su anuncio mediante la forma, pero añaden las cualidades del color. Con los colores se pretende la traducción visual de los sentidos: pueden dar sensación de frío, de apetecible, de rugoso, de limpio… El color como código para disuadir o potenciar el consumo de ciertos alimentos se ha usado en diferentes experimentos con éxito; como en el envase o el etiquetado nutricional.

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