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Control alimentario en la UE

Los productos pesqueros han sido los que mayores alertas alimentarias han protagonizado en la UE durante el año 2007

Micotoxinas en cereales, microorganismos patógenos en alimentos o metales pesados como mercurio en pescado han sido algunos de los incidentes que más han vulnerado la seguridad alimentaria europea durante el año 2007. En total, se han emitido más de 7.000 notificaciones alimentarias, de las que 961 han sido alertas, según el informe anual del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF, en sus siglas inglesas).

Si atendemos a las cifras disponibles desde 2000, cuando se notificaron 823 alertas alimentarias en la UE, la incidencia ha ido ascendiendo de forma considerable. Una tendencia al alza que no significa, sin embargo, mayor riesgo relacionado con déficits en el campo de la seguridad alimentaria. Es el resultado, aseguran los responsables del estudio, de la eficiencia de los controles que se están llevando a cabo en el seno de la UE.

Entra alertas y notificaciones

Una alerta alimentaria es la información que se emite cuando se identifica un riesgo. En la UE, el 65% de las que se han notificado durante el año 2007 proceden de productos originarios de la UE, mientras que el resto se han originado fuera de la frontera comunitaria, especialmente de China, el país no europeo con una mayor tasa de productos derivados de pescado sospechosos de riesgo para la salud, con un 12% de notificaciones de información., un mensaje que se produce cuando, a diferencia de la alerta, no existe necesidad de acción inmediata, aunque sí como prevención futura.

La alerta implica tomar acciones inmediatas para prevenir el riesgo alimentario

El informe RASFF, que acaba de presentar la Comisión Europea, ha sido ideado como una herramienta no sólo para detectar el riesgo, sino también para adoptar medidas de actuación. Estos controles se han ido traduciendo, desde el año 2000, con un aumento de las notificaciones de alertas (1.567 en 2001, 3.024 en 2002, 4.414 en 2003, 5.562 en 2004, 7.170 en 2006 y 6.840 en 2006). Durante 2007 se ha roto la tendencia descendente iniciada en 2006. Una revisión a las anteriores ediciones del informe revela que los riesgos son similares de un año a otro (repiten las micotoxinas, el mercurio o las dioxinas), aunque con ligeras diferencias.

El pesquero, un sector vulnerable

La presencia de hidrocarburos policíclicos aromáticos en productos pesqueros es un problema recurrente en seguridad alimentaria. Y lo es especialmente desde 2006. Se trata, según la literatura científica, de un grupo de compuestos orgánicos potencialmente genotóxicos y carcinógenos que entran en el alimento a través del medio ambiente o que son el resultado de distintos métodos de preparación de los alimentos. Forman parte de ellos los benzopirenos, cuyos niveles máximos para el pescado ahumado se sitúan en los 5.0 μg/kg. Actualmente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) está preparando una actualización sobre los niveles máximos de esta sustancia en los alimentos. En la UE, 13 de las 29 notificaciones se han relacionado con el pescado ahumado conservado en aceite, procedentes sobre todo de Polonia y Turquía.

También han aumentado durante 2007 las notificaciones sobre la presencia de mercurio en productos pesqueros. De hecho, y según los datos comunitarios, se ha pasado de las 71 de 2006 a las 124. De entre las especies más afectadas, el pez espada es la que mayor número de notificaciones ha tenido, seguido del tiburón. Para este tipo de pescado, el nivel máximo fijado por la UE se sitúa en 1 mg/kg. De los distintos países europeos, España ha sido el que más notificaciones ha registrado (47), seguido de Italia (con 43).

Las micotoxinas de nuevo

Las micotoxinas, metabolitos producidos por mohos presentes en gran parte de los alimentos, han sido, de nuevo, el principal riesgo alimentario detectado en la UE. Su presencia en niveles superiores a los considerados tolerables representa, además de una amenaza para la inocuidad de los alimentos, un riesgo en salud alimenaria. De entre este grupo destacan las aflatoxinas y la ocratoxina A, con demostrados efectos cancerígenos.

El pistacho ha sido el mayor perjudicado, aunque la tendencia, en relación con otros años, ha sido claramente inferior. Sin embargo, se trata de un alimento que arrastra aún las consecuencias de la alerta detectada en 2005, cuando las autoridades sanitarias de la UE detectaron la presencia de aflatoxinas en pistachos procedentes de Irán. Mientras en 2005 el 25% de los envíos de pistachos estaban contaminados, en 2001 esta cifra se reducía al 10%.

No sólo el pistacho ha sido uno de los más afectados por las aflatoxinas. Los cacahuetes, procedentes de distintos países como China, Argentina, EE.UU., Egipto, Nicaragua o India, también han sido noticia por contener este tóxico. También las almendras y las avellanas cuentan con medidas especiales de control para evitar la contaminación con micotoxinas. En EE.UU., por ejemplo, se aplican, desde septiembre de 2006, condiciones especiales a la importación de almendras. El objetivo es proteger la salud de las personas de este tóxico.

Miscelánea


Dioxinas y residuos veterinarios o de pesticidas y cuerpos extraños en los alimentos forman otro gran grupo dentro de las alertas detectadas en la UE. Tras varios casos de contaminación por dioxinas en alimentos como goma de guar, un espesante alimentario procedente de la India y que se utiliza en productos alimentarios como jaleas, bebidas no alcohólicas o helados, saltaba la alerta, en octubre de 2007.

En el caso de los residuos veterinarios, las autoridades sanitarias europeas han notificado durante el año 2007casos de contaminación en productos pesqueros, frente a los 80 de 2006, especialmente de nitrofuranos, en productos procedentes de la India, China y Bangladesh y otros países asiáticos. También el cloranfenicol ha sido una sustancia recurrente en la lista de alertas alimentarias, así como el sector cárnico, con 13 notificaciones por la presencia de sustancias prohibidas o desautorizadas, como los nitrofuranos.

Una mención aparte merece también la presencia de cuerpos extraños en alimentos, con claros efectos adversos en la salud. Derivados de animales como pelo o huesos, de plantas, como tallos, insectos, trozos de vidrio o metal, piedras, plásticos, papel o madera. Se trata de elementos que pueden haber sido introducidos en el alimento durante el proceso de fabricación o en la cadena de distribución. Un total de 137 notificaciones han sido las que se han confirmado, una de las cifras más altas de los últimos años, especialmente en alimentos del Reino Unido y Polonia.

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